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domingo, 23 de abril de 2017

Mujeres de 40 y 20 años. La eterna comparación.

Es posible que la foto sea fake, pero la comparativa entre mujeres de 20 y 40 años es algo común; cosa curiosa que no se haga con mujeres de 30 y 40 o 15 y 30.

Parafraseando Salvador Allende,  podría decir que tener 20 años y no tener buena figura es casi una contradicción (y aplica para ambos sexos). Lo mismo aplica para tener 20 años y no ser jovial, no tener sueños y metas, no querer ser algo en el mundo. A los 20 años no puedes decir que has vivido, no puedes decir “en mis tiempos”, ni siquiera puedes decir que has sufrido. Y la integridad del ser humano, el carácter y la fortaleza se forjan con los años, con las veces que te has levantado y la forma en la que has logrado mantenerte en pie. Al paso de los años uno es testigo de cómo muchos se van quedando en el camino, son esos que cayeron y ya no lograron levantarse.   

En términos de frescura, de piel sana y sin cicatrices, de un rostro sin imperfecciones, de unas manos tersas, las mujeres de 20 años llevan la primicia, pero porque es un cuerpo nuevo, sin raspaduras, sin cicatrices. A los 40 años llevas varias cicatrices en el cuerpo y en el alma. Son las huellas del camino, el cansancio de quien ha caminado, las marcas de las batallas que has atravesado. A los 20 años no has hecho nada de eso, eres relativamente “virgen”, aún la vida no te ha puesto a prueba. Y en el lapso de los 20 a los 40, muchos se quedan. Alardear a los 20 de lo que se tiene frente a alguien de 40, es como un bebé presumiendo su perfecta digestión frente a la “imperfección” de uno de 20.
Sin embargo, hay mujeres que llegan a los 40 con la piel raspada, el corazón fragmentado, el alma magullada, pero con el humor y la pasión por la vida intactos. Son mujeres que viven, carcajean, beben, bailan, viajan, aman, aprenden y emprenden. No tienen el cuerpo incólume de una de 20, sería absurdo de alguien que ha vivido muchas batallas. Pero llegan a los 40 con una experiencia y conocimiento del mundo que una mujer de 20 ni siquiera atisba.

En términos de figura, hay mujeres de 40 que conservan un cuerpo hermoso. Eso es meritorio, porque es producto del esfuerzo y no un regalo de la naturaleza. Si a esto le agregamos la experiencia, pues no hay mujer de 20 que pueda compararse.

Me pregunto por qué las de 20 no se comparan con las de 30. Adivino, porque las de 30 aún conservan la figura de sus 20 años, pero diez años más de experiencia: no hay punto de comparación.


Si algunos hombres prefieren a las de 20 años, es porque son manejables; una de 40 no juega, no pierde su tiempo con adolescencias, no es manipulable: a eso muchos hombres le huyen. Es su tendencia a demostrar superioridad, a enseñar, a cuidar. La mujer de 40 no necesita que la protejan.

Como en todo, no generalizo. Cada edad tiene sus virtudes. Creo que no es malo hacer la comparación si la vemos en términos de crecimiento, una comparativa de cómo la mujer cambia al paso del tiempo, no con objeto de hacer menos a una y más a otra, sino para poner las cosas en su justa medida. A los 40 quisiéramos tener la piel y el alma que teníamos a los 20, pero ya llevamos cicatrices que no se borran. Hemos caminado, al menos 20 años más que ell@s. Y es imposible salir raspados cuando se ha vivido en serio.

viernes, 21 de abril de 2017

La importancia del descanso

Tiene cerca de cinco meses que acudo al gimnasio a levantar pesas y realizar ejercicios cardiovasculares (o “cardio” como está de moda llamarlo). Bien, resulta que esto me ha llevado a adentrarme en el mundo del acondicionamiento físico y curioso como siempre he sido me he ido informando sobre todo lo que envuelve el desarrollo muscular y la quema de calorías.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención, y que yo ignoraba, es saber que los músculos no crecen durante el entrenamiento sino en el descanso. Al hacer las rutinas lo que sucede es que el músculo se fatiga y las fibras musculares se “rompen”. Hay que permitir que el músculo se recupere y es precisamente en este periodo cuando el músculo se repone volviéndose más fuerte y más grande. Es por eso que las rutinas de ejercicio van segmentadas, para dejar que algunos músculos se recuperen y crezcan mientras ejercitamos los demás. De hecho se considera un error de entrenamiento no reposar, no dormir bien y sobreentrenar los músculos.

Esto me ha hecho reflexionar sobre lo que significa el reposo en nuestra vida cotidiana y en el hecho de que las perdonas han llegado a sobrevalorar erróneamente la actividad continua e ininterrumpida. Supongo que hemos escuchado muchas veces a esas personas a las que les gusta presumir lo atiborrados que están de actividades y lo presumen esperando cierto reconocimiento de nuestra parte (o quizá somos una de esas personas); la razón es porque en este mundo en el que las máquinas son incansables y siempre están operando el descanso suele ser mal visto. Ni siquiera en vacaciones la gente se toma el tiempo de descansar y acaban llenos de actividades que los fatigan más que una jornada de trabajo laboral. Hay gente que nunca para, que apenas duerme, que ni en la comida o a la hora de cagar están en paz. Las consecuencias: estreñimiento, insomnio, estrés, colitis, irritabilidad, adicciones, etc.

En Los siete hábitos de la gente altamente efectiva de Sthephen R. Covey (ya lo he mencionado en otra entrada) el último hábito, precisamente el séptimo, está destinado a la Renovación, que es un periodo que debemos tomar en cuenta para el descanso, la reflexión y lo que él llama “Afilar la sierra”.

Así como el músculo necesita recuperarse para estar más fuerte es importante descansar para ordenarnos, para dejar que nuestra mente se disperse un poco y ver las cosas con más claridad. Sabemos que la falta de sueño afecta gravemente nuestra salud, sin embargo, en ésta época y en las ciudades dormir bien ya es un privilegio que ni los más adinerados pueden tener.

No se obtienen mejores resultados yendo a entrenar todos los días al GYM (a menos que se usen fármacos, de la misma forma como muchos trabajadores los usan para aguantar las intensas cargas de trabajo diarias); es necesario descansar los músculos, al menos es lo adecuado. Su cede lo mismo con nuestro organismo y con nuestra mente: necesitamos descansar para reponernos.

Conozco personas que nunca paran. Trabajan 10 horas, llegan a casa y atienden a sus hijos, llega la media noche y aún están haciendo preparativos para el día siguiente, en el que deberán despertar a las cinco de la mañana. Así todos los días. Me han dicho que a veces quisieran salir corriendo (¿hacia dónde?); a veces simplemente estallan en llanto. Eso no es sano, pero hay una gran cantidad de gente que malvive así. Lo malo es que la salud pasa facturas muy costosas y como dicen por ahí “El que no tiene tiempo para cuidarse después tiene mucho tiempo para enfermarse”.