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domingo, 3 de junio de 2018

Los pechos de Elsa

Fue en un movimiento de esos en los que la confianza vaga en el desparpajo; porque entre ambos había una confianza casi ciega, y así sus movimientos y su comportamiento eran libres, con esa libertad que sólo se tiene en la soledad, la misma libertad con la que se movía su seno.
Ese cuadro lo había visto en otro lado. Ya recuerdo, fue en aquella película basada en la novela de Laura Esquivel; Ahí está Lumi Cavazos de hinojos, moliendo en el metate, la blusa descargada y a través del ovalo prendido a su cuello se mira el seno distendido hacia abajo por su mismo peso; en la punta un pezón claro, como si el seno escurriera y terminara en una gota de piel condensada que jamás cae.
Esa tarde de sol lacerante ella se inclinó a hacer no sé qué, pero hubo de encorvarse un poco frente a mí, dejándome una armonía colorida de varias texturas: el algodón verde en primer plano, más al fondo dos senos pequeños y generosos, de piel clara, sostenidos por dos copas azul rey. Más allá, como un lienzo de su misma carne, su vientre plegado. El juego de sus manos por lo que estaba haciendo provocaba que los pechos bambolearan en las copas, como dos esferas agitadas.
Ella no supo nada. Yo no dije nada tampoco. Se incorporó y con la muñeca de su brazo derecho limpió un poco de sudor en su frente, y así, como si nada, seguimos la tarde. Yo me apropié de esa imagen dejada ahí por azar, como quien se apropia de un coralillo que ha visto tirado en la playa.
         “Tita supo en carne propia por qué el contacto con el fuego altera los elementos, por qué un
pedazo de masa se convierte en tortilla, por qué un pecho sin haber pasado por el fuego del amor es un pecho inerte, una bola de masa sin ninguna utilidad. En sólo unos instantes Pedro había transformado los senos de Tita, de castos a voluptuosos, sin necesidad de tocarlos."

martes, 27 de febrero de 2018

Nací sin el interés de tener hijos


No recuerdo haber decidido no tener hijos, creo que más bien nací sin ese interés.
No sé si sea una tendencia reciente, pero cada vez se escucha más el término ChildFree para referirse a esas personas que han decidido no tener hijos, y grupos de personas que se auto definen de esta forma han estado proliferando en Facebook.
Pero yo tengo casi cuarenta años y mi ideología y estilo de vida sin hijos tiene su origen mucho antes de que este término si quiera se conociera, así que en mi caso esta tendencia es nueva sólo en su mediatización.

¿Cómo fue que decidiste ser ChildFree (CF)? Es una pregunta que se repite en todos los grupos y pensando en las razones creo que en mi caso ni siquiera fue una decisión consciente. Es más, ni siquiera podría decir que fue una decisión. No hubo un momento en el que “decidí” no tener hijos, pero jamás he tenido interés por ser padre y jamás ha formado parte de mis deseos. En mis pensamientos de infancia y adolescencia, en mis sueños y anhelos, jamás ha aparecido la paternidad. Quería ser escritor, quería ser empresario, quería aprender muchas cosas, leer mucho, conocer el mundo, experimentar, pero jamás he tenido el interés, mucho menos el deseo, de ser padre. Quizá parezca extraño, porque aún hoy a la gente le cuesta concebir que alguien no sienta el deseo de tener descendencia.
Es difícil que alguien con hijos acepte esto porque se piensa que es un deseo inherente al ser humano y que es un instinto que todos debemos experimentar. En mi caso no es así. Ni fue producto de un episodio traumático ni consecuencia de una mala experiencia, simplemente jamás ha sido de mi interés. 

Sé que, como yo, hay más personas, tanto mujeres (quizá sean la mayoría) como hombres, que no sienten el deseo de tener descendencia. Esta determinación usualmente nos hace objeto de críticas y señalamientos, y para muchos resulta hasta una postura contra natura. Se piensa además que es una moda, una especie mainstream que se ha propagado en los últimos años y es muy probable que para muchos así lo sea. Pero en mi caso, como el de muchos, es algo que jamás me ha interesado. Ni me conmueven, ni me parecen un logro ni me gusta convivir con ellos.
Que quien quiera hijos los tenga con responsabilidad y se haga cargo de ellos, que los demás no tenemos por qué sufrirlos. Y que se nos respete nuestra decisión, que ni somos fenómenos ni personas amargadas.

domingo, 14 de enero de 2018

El Tango.

Siempre he pensado que después de hacer el amor, lo segundo mejor que puedes hacer con una mujer es bailar tango.

El tango es sin lugar a dudas uno de los bailes más sensuales que existen; es un baile donde el emparejamiento físico es la base del baile y es primordial para la comunicación. Cuando bailas tango entras en contacto con la otra persona como en ningún otro baile. Son dos cuerpos unidos moviéndose al ritmo de la música que, por si fuera poco, se trata en buena parte de melodías cargadas de sensualidad.
Bailar tango no es hacer alarde de innumerables pasos sin ton ni son; bailar tango es más parecido a hacer una interpretación, es hacer de la música un mar en movimiento y mecerse al ritmo de sus olas.
El Tango es pasión, es sensualidad, es arte. Cuando no te es posible hacer el amor con una mujer, te queda el consuelo de poder bailar un tango con ella.
Hace casi cinco años que ingresé a tomar clases de Tango, precisamente hoy lo recordaba con una compañera que comenzó en el mismo periodo que yo; formamos parte del mismo grupo de principiantes y somos los únicos que permanecemos hasta ahora. Cinco años!!! Supongo que a estas alturas debo ser un buen bailarín, aunque no un experto.

Hoy mientras bailábamos en clase, principalmente canciones lentas que se prestaban a un derroche de pasión, me vino a la mente un pensamiento, ¿Se podría hacer el amor al ritmo de una melodía? ¿No sería factible también que hubiera maestros que nos enseñaran el arte de “hacer el amor”? Porque al igual que el Tango hacer el amor debería ser un arte; no por nada Ovidio escribiría su célebre libro El arte de amar y, muchos años después, Erich Fromm haría lo mismo en un libro del mismo nombre en el que considera que el acto de amar debería ejercitarse y aprenderse como se hace con cualquier otra actividad artística.
Creo que sería bueno contar con una guía, alguien que nos enseñara a acariciarnos, a emparejarnos, a comunicarnos, a cogernos, amén de sugerirnos posiciones y las formas en como fluir a través de ellas. Y por si fuera poco, todo esto con música de fondo.

Nuestro profesor hace mucho énfasis en la escenificación y en el acoplamiento de nuestro baile con la música. No es la cantidad de pasos ni su ostentosidad, tampoco la velocidad con la que se ejecutan; la grandeza de una buena interpretación está en la pasión y  en la comunión con la música. La pasión se contagia a los espectadores y es del conocimiento de todos que las cosas que se hacen con pasión son las que mejor se realizan. Igual debería ser cuando se hace el amor.

martes, 9 de enero de 2018

Putas Asesinas, Roberto Bolaño.

Es el primer contacto que tengo con la obra de Roberto Bolaño, su último libro escrito en vida.

Bolaño me parece un narrador rápido y hábil, lo que hace de su escritura una secuencia de imágenes veloces pero sin caer en la prisa. Los cuentos que componen este libro son cortos sin que por eso las historias carezcan de su grado de profundidad.
Quizá es poco lo que puedo hablar sobre el autor al conocer sólo uno de sus libros, pero para ser el primero ha sido una lectura muy satisfactoria, lo suficiente para desear conocer más de su obra.
Una de las características que me ha llamado la atención de éste libro es que muchos de los cuentos están ambientados en México, ya sea en la ciudad o en alguno de sus estados. Esto es algo que agradezco a Bolaño tratándose de un escritor chileno, ya que es muy común que los escritores mexicanos recurran a desarrollar sus historias en países europeos, quizá para darles un aire cosmopolita que les garantice la aceptación de los críticos y la elite intelectual, que al final es la que maneja la cultura en México llenándola en general de pura basura. Tristemente es un recurso muy utilizado por los escritores mexicanos.
El libro consta de 13 cuentos de ficción y quizá sólo el último, Encuentro con Enrique Lihn, tenga algo de realidad, pero será cuestión de indagar un poco más al respecto.
El título del libro corresponde a uno de los cuentos, Putas asesinas, lo que puede ser engañoso al momento de realizar la compra si nos dejamos influir por el título.
En resumen, Bolaño es un buen escritor y me alegra haberlo conocido –en la literatura, claro está. Se trata de un autor muy recomendable.      

lunes, 8 de enero de 2018

La mujer soltera, Laura Hutton.

Pensé que éste libro sería una aportación para combatir los estigmas que se les adjudican a las mujeres solteras, sin embargo, me encontré con un libro repleto de conmiseración hacia ellas. Quizá lo más grave de esto es que el libro fue escrito por una mujer, que lejos de empoderar y ubicar en un lugar digno la soltería de la mujer, hace de ella un estado de resignación y de dolor, abocándose a dar consejos sobre cómo sobrellevarla, cual si se tratase de una enfermedad.
La autora no cesa de decir que la mujer soltera es una mujer frustrada, que se trata de una inmadura sexual, una mujer incompleta que no ha podido cumplir con su rol natural y que, por lo tanto, jamás alcanzará la plenitud como mujer al no haber podido casarse y tener hijos.   
Ha sido uno de los libros más arcaicos que he leído, donde abundan los estereotipos sobre la mujer predestinada a la maternidad, al cuidado de los hijos y de su marido. Un libro inservible, que en la actualidad podría muy bien pasar por un libro de ideas machistas.  


Quizá tenga mucho que ver el hecho de que el libro haya sido escrito en la década de los sesentas (1961), aunque no es justificable, ya que por lo regular hay libros que se muestran evidentemente adelantados en pensamiento a su época, pero lamentablemente éste no es el caso; más bien parece escrito por una mentalidad ubicada en el siglo XVIII.
Les ahorro la pena y la pesadez de leerlo.

Por mi parte lo colocaré en el baño, junto al inodoro, para usarlo cuando en un descuido se me termine el papel higiénico.  
**Laura Hutton, La mujer soltera. 1961. Editorial Azteca, México.    

domingo, 31 de diciembre de 2017

La soledad

Cuando le dices a alguien que vives sol@ o que no tienes pareja, siempre puedes notar en quien te escucha un dejo de conmiseración que intentan disimular. Por alguna razón la soledad, en todos sus aspectos, es mal vista. La mayoría le huye y les resulta insoportable; una buena parte de esa mayoría se hace rodear de cualquier tipo de compañía con tal de no estar o sentirse solos. Por triste que parezca hay matrimonios y parejas que se conforman por el simple miedo a la soledad.


Sin embargo, es difícil no hablar de la soledad estando solter@s. Para alguien solter@ la soledad es algo que siempre estará presente, al menos en una de sus formas.
Siempre he considerado que existen dos tipos de soledad, la primera es esa soledad en la que uno se encuentra cuando despierta por la mañana o cuando va a dormir, en los casos cuando se vive solo. Es la soledad de cuando un fin de semana decides pasarlo en tu departamento sin ninguna compañía. Esta es una soledad que se disfruta, una soledad en la que estas contigo mismo o misma y sirve como un momento de paz, de calma, que se puede dedicar al esparcimiento, a la lectura, al estudio, a alejarse por un periodo de todo el ruido de la ciudad. Es una soledad que disfruto mucho y personalmente puedo pasar largos periodos solo en mi casa sin que esto represente problema alguno. Por ejemplo, al menos dos años consecutivos la pase solo en las fiestas de diciembre, no porque no tuviera con quien ir, sino porque gracias a las malas experiencias supe que estaba mejor solo en mi casa, que rodeado de gente que me hacía sentir, eso sí, solo.
Paseo de la Reforma, CDMX

Es en esos momentos de aislamiento en los que puedo escribir o leer, en los que juego videojuegos, en los que veo películas, en los que descanso, en los que hago lo que me gusta.
 Pero hay una soledad que es abrasiva, incómoda y exasperante. Es esa soledad que se experimenta a veces, irónicamente, cuando estas acompañado.
Recuerdo haber ido un fin de año a casa de unos familiares que me insistieron para que los acompañara y para que “no me la pasara solo”, así lo dijeron. Llegué a su casa alrededor de las 8 de la noche, todos estaban en lo suyo; me la pasé sentado en el sofá desde las 8 hasta las 11 de la noche mirando el televisor. Hasta que comenzaron a llegar. Cené y me disculpé, me fui. Fue desagradable. Estaba en compañía pero solo.
Algo que es muy frecuente en estos días es que cuando te citas con alguien para tomar un café o lo que sea, esa persona se la pasa en el teléfono y apenas te presta atención. Dan ganas de levantarse e irse.
Es la soledad del abandono, de la indiferencia, son momentos en los que tu presencia parece prescindible. La soledad de no tener con quien hablar porque quien tienes frente a ti sólo habla de sí mismo o sí misma, no hay diálogo. Está soledad es a veces dolorosa y, como tal, es indeseable.
Hay veces en las que he permanecido callado durante toda una cita, sólo escuchando a quien está conmigo, de pronto me dicen “¿siempre eres así de serio?”. ¿No es absurdo? Lo es, tanto como sentirse solo en una ciudad donde abunda la gente, pero somos ya tan indiferentes, tan ensimismados, que todo lo que esté a nuestro alrededor ya no nos importa. Quizá ésta sea la época donde más profunda y común se ha vuelto este tipo de soledad.
Plaza Santo Domingo, CDMX

Estos días de diciembre son en los que el sentimiento de soledad puede ahondarse profundamente, ya que priva en el aire un ambiente de familiaridad y compañerismo, vemos a las familias reunidas, todos en compañía. Sin embargo, el que la pasemos solos no significa que la pasemos mal; yo he pasado dos navidades solo y la pasé mejor que en otras donde estaba rodeado de gente.
Y respecto a esa soledad tan corrosiva, creo que siempre está en nuestras manos alejarnos de los momentos y las compañías que nos hacen sentir así. Esta soledad es inevitable, llega de improviso, podemos experimentarla en casi cualquier lugar  y, como he dicho, a veces en los lugares más concurridos – diría Mario Benedetti, tengo una soledad tan concurrida- . Podemos estar más a gusto con una sóla persona que rodeados de una multitud, al menos sucede en mi caso.
Deseo que disfruten de sus días y de sus momentos de soledad, y que puedan escapar o encontrar la compañía para hacerlo, de esa soledad que tanto puede lastimarnos.
s
  ss 

La verdad de mi soltería, Gustavo Ferran.

Para Javier, Máximo y Jorge.

Amigos míos.

Perdónenme que haya tardado tanto en morir. Tengo cuarenta años y hace casi los cuarenta que estoy cansado de la vida. Tan cansado que no he querido tomarme el trabajo de morirme por mi cuenta. Para unos he sido un escritor morboso, para otros un gran talento y para todos un hombre solitario y extravagante. Pero hay algo que nadie ha podido negarme nunca, mi sinceridad. Jamás he dicho una mentira que pudiera favorecerme y mucho menos una mentira cobarde. Sólo una cosa he callado siempre: el secreto de mi soltería. Y sólo a ustedes quiero confesarlo. Porque sólo ustedes son capaces de comprenderme. Escuchen, amigos, la verdad de mi vida, escúchenla solemnemente. Escúchenla de pie.
Yo sé que ustedes han hecho una religión de la amistad y del amor; se los agradezco y admiro, pero no puedo compartir su optimismo porque yo, queridos amigos, yo los he engañado con sus tres esposas.
Gustavo Ferran.

Fragmento de la película Las tres perfectas Casadas. 1971. Dirigida por Benito Alazraky, con Mauricio Garcés como Gustavo Ferran.

Una de las películas que más me gustan.
Acá les dejo el enlace:
https://youtu.be/ywam9Uhzwcw

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Rumbo a los 40 años.

Este será mi último año en la década de los treintas, una década que yo definiría como complicada.
Los veintes fueron una década noble; podría resumirla como la década del amor, de los ideales, del entusiasmo puro, de la juventud y del ímpetu excesivo. Quizá no exista un tema que ilustre mejor lo que para mí fue esa década que la canción de Charles Aznavoir, Hier Encore:  je gaspillais le temps en croyant l'arrêter.

Trinity College, Toronto 

Mis veintes estuvieron marcados por dos viajes al extranjero,  primero fue a Canadá y un par de años después visité Francia. Siendo un periodo de ideales, también fue la década de la búsqueda del amor eterno y del empeño de encontrarlo; cuando creí encontrar a la mujer con la que pasaría toda mi vida decidí vivir con ella y me casé. Estaba lleno de sueños que eran sólo eso, “tantos proyectos que se quedaron en el aire”, diría Aznavour.
Durante esa década fui un romántico que quería ser escritor, así que escribía y leía mucho, mucho. En mis empeños llegué a publicar en algunas revistas tanto de la ciudad de México (Lenguaraz, emeequis y La pluma del ganso), como de León Guanajuato (El canto del ahuehuete).  También estudiaba francés, ruso y chino mandarín: estaba ávido de conocimientos y estudiar y aprender era algo que en verdad me apasionaba (una de las pasiones que lamentablemente abandone en la siguiente década).
Cementerio Pére-Lachaise, París.

Considero que los veintes fueron una época teórica que comenzaría con los últimos años de la  preparatoria, seguiría en la universidad (cursé tres licenciaturas en tres universidades distintas: Química en la UNAM, Ingeniería biomédica en la UIA y Letras Hispánicas en la UAM. No concluí ninguna) y abarcaría todos los cursos que por entonces tomé: todo era teoría, teoría, teoría.
Los treintas, por el contrario, han sido una década de lucidez, de darse cuenta que no todo lo que creía en los veintes era cierto.
Los treintas han sido una época de emprender, de concretar, de riesgos personales y profesionales, pero sobre todo de fracasos, muchos fracasos; en los veintes la posibilidad del fracaso ni siquiera se concibe, pero en los treintas he debido enfrentarme a dos grandes tropiezos.  

El primer tropiezo fue al saber que el amor idílico no existe; una verdadera y sana relación de pareja es consecuencia del respeto, de la libertad y de la honestidad, en resumen de la madurez de los miembros. Sobre esto entendí que el amor jamás debe ser sufrimiento. A los 30 años me fui a vivir con mi novia, a quien conocí cuando tenía 26 años, con la firme idea de forjar un futuro, de hacer de nosotros una pareja mejor que cualquiera. No fue, no pudo ser y terminamos por separarnos. Aparte de lo ya dicho aprendí algo más, quienes opinaron y llegaron a criticar mi relación fueron los primeros que desaparecieron cuando nos separamos. La gente está siempre a la orden para criticar pero muy pocos lo están cuando caes.  También aprendí que las bondades que se pregonan sobre el matrimonio tradicional son más falsas que las tetas de Sabrina Sabrock. 
El segundo tropiezo se dio en el ámbito empresarial. Formé una empresa, creí que la juventud,  el ímpetu inherente a ella y mis conocimientos eran suficientes. Ahora, al albor de los treintas, removiendo aún los fragmentos de un negocio que se desplomó y me ha dejado casi en la ruina, sé que no es así: quise correr y corrí mucho, pero si corres y tropiezas es seguro que irás al suelo y las caídas siempre serán estrepitosas. Hoy sé que es mejor ir lento, así es más difícil que caigas, y si tropiezas es más fácil retomar el equilibrio evitando la caída. Voy terminando los treintas casi en la ruina empresarial, pero con mucha, mucha más experiencia. 

La soledad. He conocido una cara más real y tangible de la soledad. A los veintes sientes que estas solo y que nadie te entiende, pero siempre estas rodeado de amigos, de tu pareja, de jóvenes como tú: nunca falta quien pueda hacerte compañía porque la mayoría de tus allegados siguen solteros. En los treintas vas experimentando una verdadera soledad: por un lado te distancias de tus amigos que ya han tomado su rumbo y las aventuras y reuniones desaparecen, la prioridad es su familia. Sin embargo, esta conciencia más tangible de la soledad te hacer ver que debes vivir de acuerdo a tus principios y convicciones, ya que siendo que vas marchando solo no tienes por qué tragarte la crítica mezquina de los demás. Porque nadie de esos que te critican estará ahí cuando fracases, nadie, nunca lo están, te quedas completamente solo. Esta conciencia de la soledad en la que se vive te puede revelar también tu esencia única y  hacerte ver que tus circunstancias también son únicas; entiendes que compararse con los demás es una autolaceración y un auto menoscabo. Somos únicos, es nuestra vida y son nuestras circunstancias, lo peor es compararse con los demás. 

Cenando, CDMX.

 Así, en estos casi cuarenta años he acumulado varias cicatrices. Pero esas cicatrices son experiencias, pedazos de carne o alma –o lo que quiera que eso signifique- que al cicatrizar han dejado una piel más resistente. La vida no es fácil, ni el amor, ni vivir en pareja, ni tener una empresa, ni la soledad, nada. Pero es la vida que he escogido, consecuencia de mis buenas o malas acciones, y hay que asumirlas y aprender de esas experiencias.
Contrario a lo que podría pensarse tengo mucha motivación en llegar a los cuarenta años. Lo anhelo. Porque hoy soy consciente de lo que sé, de lo que quiero y de lo que soy capaz de hacer. Llevo dos años abriendo camino y preparándome para recibir  mis cuarenta años con el espíritu, el cuerpo y la actitud renovada. Me considero un joven con experiencia que ya no está dispuesto a perder vida en lo que, ahora sé, no vale la pena. Ahora conozco, si no el camino que debo seguir, sí el que no lleva a ningún lado.  Estoy entusiasmado y hoy busco recobrar todo eso que me llenaba de vida y que me impulsaba cuando estaba en los veintes y que por alguna razón abandoné en los treintas. Son cosas que aún me motivan y que al ir retomándolas he vuelto a sentir esa pasión que estos últimos días había perdido casi por completo.
Quiero levantar mi empresa, y otra y otras más: ya lo hice un día y sin ninguna experiencia.
También he comprendido que una buena compañía es de las maravillas que esta vida te ofrece y estoy dispuesto a tomarla; sin embargo ya no busco al amor de mi vida, ahora busco a mi compañera de vida, el amor y la pasión llegaran con ella, no al revés.
¿Qué he aprendido de los fracasos y de estos nueve años? A no correr; el paso firme y lento, por contrario que parezca, te ahorra muchos retrocesos. Ser paciente; todo llega cuando no desistes, apresurar las cosas no siempre es bueno. Los sueños se hacen realidad  siempre que no desistas y hay que estar preparados para cuando se cumplan. No tenemos por qué cargar con cosas que ya no nos sirven y sólo nos limitan, esto aplica para objetos y para amistades: si una carga te detiene en el camino hacia tus sueños, hay que liberarse de ella. La principal persona a quien jamás debes traicionar es a ti mismo; la primera persona con la que no se debe ser egoísta es con uno mismo. Hay que alejarse de la gente tóxica, esa gente que sólo jode, a la que no le importas una mierda y sólo te contamina con sus ideas pesimistas o se pasa criticando tu vida con el simple objeto de enaltecerse ante ti. Y, quizá la más importante: vivimos en un mundo de estereotipos y moldes, hay que librarse de ellos.

martes, 12 de diciembre de 2017

Pro aborto y defensor de animales, ¿una contradicción?

Para los que estamos a favor del aborto y también nos asumimos en contra del maltrato animal, hay quienes encuentran una contradicción y nos llaman “doble moral”.
Detrás de esa acusación no hay nada que la sustente, es simplemente una forma de joder, de intentar hacernos creer que defender la vida de los animales no tiene sentido si estas a favor del aborto. Para ellos el aborto representa un atentado contra la vida, un asesinato. No se puede estar a favor del asesinato cuando se está contra las corridas de toros o contra el maltrato animal, esa es su “lógica”, entrecomillada porque de lógica no tiene nada.


Como no puedo ser la voz de todos hablaré a título personal.
La cuestión tras mi postura a favor del aborto es por una concepción más profunda sobre la vida del ser humano y que no sólo se reduce a asumirla en un sentido biológico. Quienes condenan el aborto defendiendo la vida no ponen el mismo empeño en defender la vida de los niños y niñas que viven bajo las peores condiciones humanas. Sí hay campañas e inversión para plantar postura contra el aborto, pero esas mismas personas jamás hacen campañas para proporcionar una vida digna a esos seres humanos que ya forman parte activa de nuestra sociedad. Mi postura –como quizá la de muchos- es por evitar el sufrimiento y la miserable vida de todos esos seres humanos que han llegado a este mundo a vivir una muerte lenta y agónica. Sí, hay una mayoría de esos seres que llegan por la irresponsabilidad de sus padres, sin embargo, esa irresponsabilidad no tiene por qué pagarla el nuevo ser que ha nacido de ellos. La intención tras el apoyo al aborto es precisamente evitar la proliferación de seres humanos en condiciones de penosa existencia, que sólo sufren abandono, maltratos, carencias y sufrimiento. ¿Se trata de traer al mundo más seres humanos para que “vivan” a toda costa aunque lleven una existencia miserable en cada uno de sus días? Aquí apelar a cuestiones religiosas no cabe, ya que Dios tampoco ha bajado a alimentar ni a dar una vida digna a todos esos niños y niñas.
 Así entonces, bajo esta ideología, es fácil entender por qué los buscamos que quienes habitan el planeta lo hagan de forma digna, procuremos también una vida digna y sin sufrimientos para los animales.  
La muerte es algo inevitable para todos, sin embargo, a pesar de que sabemos que algún día vamos a morir, deseamos que ese suceso se dé sin sufrimiento. El sufrimiento, considero yo, es lo que buscamos evitar tanto en los seres humanos como en los demás seres vivos. Y así como no deseamos que un ser humano venga a este mundo a sufrir, sin ninguna oportunidad por llevar una vida digna, del mismo modo deseamos que los animales eviten sufrimientos.

En realidad, creo yo, no hay ninguna doble moral tras la aparente contradicción entre quienes defendemos el aborto y a la par defendemos la vida de los animales.  

El tema del aborto da para mucho más texto, sin embargo, esta explicación no tiene como fin ahondar sobre ello. Sólo quise plantar mi postura ante quienes creen encontrar una doble moral en quienes estamos a favor de aborto y nos manifestamos contra el maltrato animal.  

miércoles, 5 de julio de 2017

Viajando bajo la lluvia

Era la media noche del domingo, escampaba, yo venía sobre la calzada México-Tacuba. En un cruce una pareja esperaba la luz verde al igual que yo, las ventanas de su auto cerradas, hablaban.
A veces extraño esos momentos, el aislamiento temporal mientras viajas en el auto, la soledad de dos y la calidez que eso provoca mientras la lluvia a fuera lo empapa todo.
El pequeño espacio en el que uno se confina estando en un auto crea una intimidad que me gusta, y cuando llueve esta intimidad se estrecha aún más; el hallarnos ahí adentro en esa pequeña burbuja no deja más remedio que la convivencia, la cercanía obligada, los besos esporádicos en cada semáforo, los silencios  que sólo avivan nuestra presencia.

A veces extraño eso.

Siempre habrá más lluvias.




domingo, 25 de junio de 2017

La industria porno en mexico

La industria pornográfica en México era, hasta hace unos años, prácticamente inexistente. Lo que más se acercó al cine pornográfico, aunque muy de lejos, fue el llamado cine de ficheras, que en realidad eran producciones tímidas, intentos baratos de igualar al cine erótico italiano de la década de los setentas.

El cine de ficheras se limitaba a breves escenas de desnudos y cachondeo mezclado con albures, humor mediocre y ningún esfuerzo por lograr algo de calidad. Lamentablemente, esto es lo único que de cine medianamente erótico teníamos en nuestro país. Hace unos dos años si buscabas pornografía mexicana en alguno de los portales que proveen porno en la web no encontrabas nada, quizá uno que otro video amateur de algunos segundos y de pésima calidad. No sucedía lo mismo con el porno de otros países como Alemania, Italia o Francia, de los cuales se puede hallar videos producidos aún en blanco y negro y de muy buena calidad en cuanto a producción se refiere. En resumen, la industria pornográfica en México era casi inexistente salvo algunas esporádicas excepciones, y  tendrá apenas uno o dos años que ha ido tomando presencia.

La primera película pornográfica de la que se tiene registro fue la de  Ángel Rodríguez Vázquez, llamada Las profesoras del amor, de  1987.

De ahí la primera aparición importante del porno mexicano la tenemos a principios de siglo, entre el 2002 y el 2003, con un filme netamente Gay titulado Sexxcuestro, del productor Laars Robledo y dirigida por Summer Gandolf. El filme recibió la postulación a Mejor guión en el festival internacional de cine erótico Gay en Barcelona, España.

Posteriormente la productora Maldoror, dirigida por Marco Antonio Bustos, realizó dos filmes pornográficos de no muy buena calidad, se trató de Fetiches mexicanos 1 y 2. Por esos tiempos quien también ofrecía algunos videos pornográficos era la revista Tu mejor Maestra, una publicación de contactos sexuales, historias eróticas y fotografías, que ya en la era digital comenzó a ofrecer videos como regalo de fin de año; los primeros videos eran producciones amateur enviadas por sus suscriptores, obviamente se trataba de filmes de muy baja calidad tanto en desarrollo como en la calidad del video en sí. Posteriormente introdujeron algunos videos con una producción bastante pobre, pero no dejaban de ser videos amateur.


No obstante lo anterior, el cine porno mexicano se había mantenido bastante mediocre. En la actualidad hay una productora que considero merece prestarle atención, ya que a mi parecer esta realizando videos de buena calidad; se trata de Sexmex (https://sexmex.xxx/tour/), que ya cuenta con varios videos producidos y una buena cantidad de actrices en su página web. La producción es buena, las historias son las típicas de la industria porno sin caer en la vulgaridad que caracterizaba al cine erótico mexicano. Son actores y actrices jóvenes que me parece están metiendo al cine porno mexicano a la par en cuanto a calidad comparada con otros países, aunque aún sin llegar a alcanzar la calidad del cine Italiano o francés.  No podríamos compararlos con una producción de Mario Salieri, por ejemplo, pero tienen la calidad del cine porno comercial y esto me parece que ya es un gran avance si lo comparamos con las porquerías que se hacían en los 70s.


Esperemos que el cine porno mexicano evolucione para bien, por lo menos ya es posible encontrar algo digno en los portales de videos porno internacionales.

viernes, 21 de abril de 2017

La importancia del descanso

Tiene cerca de cinco meses que acudo al gimnasio a levantar pesas y realizar ejercicios cardiovasculares (o “cardio” como está de moda llamarlo). Bien, resulta que esto me ha llevado a adentrarme en el mundo del acondicionamiento físico y curioso como siempre he sido me he ido informando sobre todo lo que envuelve el desarrollo muscular y la quema de calorías.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención, y que yo ignoraba, es saber que los músculos no crecen durante el entrenamiento sino en el descanso. Al hacer las rutinas lo que sucede es que el músculo se fatiga y las fibras musculares se “rompen”. Hay que permitir que el músculo se recupere y es precisamente en este periodo cuando el músculo se repone volviéndose más fuerte y más grande. Es por eso que las rutinas de ejercicio van segmentadas, para dejar que algunos músculos se recuperen y crezcan mientras ejercitamos los demás. De hecho se considera un error de entrenamiento no reposar, no dormir bien y sobreentrenar los músculos.

Esto me ha hecho reflexionar sobre lo que significa el reposo en nuestra vida cotidiana y en el hecho de que las perdonas han llegado a sobrevalorar erróneamente la actividad continua e ininterrumpida. Supongo que hemos escuchado muchas veces a esas personas a las que les gusta presumir lo atiborrados que están de actividades y lo presumen esperando cierto reconocimiento de nuestra parte (o quizá somos una de esas personas); la razón es porque en este mundo en el que las máquinas son incansables y siempre están operando el descanso suele ser mal visto. Ni siquiera en vacaciones la gente se toma el tiempo de descansar y acaban llenos de actividades que los fatigan más que una jornada de trabajo laboral. Hay gente que nunca para, que apenas duerme, que ni en la comida o a la hora de cagar están en paz. Las consecuencias: estreñimiento, insomnio, estrés, colitis, irritabilidad, adicciones, etc.

En Los siete hábitos de la gente altamente efectiva de Sthephen R. Covey (ya lo he mencionado en otra entrada) el último hábito, precisamente el séptimo, está destinado a la Renovación, que es un periodo que debemos tomar en cuenta para el descanso, la reflexión y lo que él llama “Afilar la sierra”.

Así como el músculo necesita recuperarse para estar más fuerte es importante descansar para ordenarnos, para dejar que nuestra mente se disperse un poco y ver las cosas con más claridad. Sabemos que la falta de sueño afecta gravemente nuestra salud, sin embargo, en ésta época y en las ciudades dormir bien ya es un privilegio que ni los más adinerados pueden tener.

No se obtienen mejores resultados yendo a entrenar todos los días al GYM (a menos que se usen fármacos, de la misma forma como muchos trabajadores los usan para aguantar las intensas cargas de trabajo diarias); es necesario descansar los músculos, al menos es lo adecuado. Su cede lo mismo con nuestro organismo y con nuestra mente: necesitamos descansar para reponernos.

Conozco personas que nunca paran. Trabajan 10 horas, llegan a casa y atienden a sus hijos, llega la media noche y aún están haciendo preparativos para el día siguiente, en el que deberán despertar a las cinco de la mañana. Así todos los días. Me han dicho que a veces quisieran salir corriendo (¿hacia dónde?); a veces simplemente estallan en llanto. Eso no es sano, pero hay una gran cantidad de gente que malvive así. Lo malo es que la salud pasa facturas muy costosas y como dicen por ahí “El que no tiene tiempo para cuidarse después tiene mucho tiempo para enfermarse”.

domingo, 2 de abril de 2017

Casarse y tener hijos no es tener madurez.

Casarse y tener hijos es para algunas personas signo de madurez, de compromiso y de responsabilidad, aunque en la realidad sólo sea una mentira repetida muchas veces. Tras esa imagen optimista que se muestra de la familia y del matrimonio, se esconde en muchos casos una cruda realidad: la mayoría se casa y tiene hijos por simple inercia, porque “así debe ser”. Y seguir ciegamente una tradición no es ninguna evidencia de madurez, es evidencia de alineación.
Tras el matrimonio muchas parejas terminan separadas; a otras eso les sucede cuando llegan los hijos. Luego, están las infidelidades, los divorcios y la guerra de por vida entre los ex esposos. ¿Cómo sostener que estas conductas son de gente madura? Por otro lado, no hay nada más irresponsable e inmaduro que seguir a los demás sin cuestionarse siquiera si lo que se hace es lo adecuado para nosotros.
Es irónico que gente que se casó antes de los veinte o que tienen hijos a los que apenas y pueden alimentar, sean quienes nos llaman inmaduros a l@s solter@s, y a los que no queremos tener hijos ni seguir un ritual que ha dado muestras de no ser funcional para todos.
Yo observo y cuestiono; ¿terminar en eternos pleitos de abogados por las custodias y las pensiones, es madurez?
Los matrimonios que se convierten en tormentosas prisiones por los celos ¿son manifestaciones de madurez?
Familias en las que se vive violencia, opresión, donde los niños son dejados a su suerte ¿es eso madurez?
Traer al mundo nuevos humanos para que las escuelas se hagan cargo de ellos, ¿es de personas maduras?
La madurez se manifiesta en el control que se tiene sobre la propia existencia, por las decisiones que se toman por convicción, no por las que se toman por inercia. Hay matrimonios libres de prejuicios, de celos, de sabotajes, son matrimonios que crecen, en los que sus integrantes se desarrollan en libertad y esa libertad la transfieren a sus hijos. Y todos hemos visto alguna vez a este tipo de familias, aunque muy pocas alcanzan esa armonía y esa salud.
     La realidad es que la mayoría de las familias y de los matrimonios se ubican en el otro lado, en el que la inmadurez es la regla.
He visto a padres de familia reprender a sus hijos con discursos absurdos e incoherentes; madres presas de su neurosis y que descargan su frustración al menor error de sus hijos; hombres infieles que buscan amantes al ser incapaces de abandonar una relación que no quieren, y que al no saber vivir solos deciden liarse en otra relación convirtiendo su vida matrimonial en una mentira. Pero los inmaduros, a decir de algunos de estos casad@s, somos los y las solteras.
Tan sólo el traer al mundo a un nuevo ser sin tener la capacidad de satisfacer sus mínimas necesidades es una irresponsabilidad, y por ende de inmadurez.

A mí me han llamado inmaduro, porque no me he casado ni tengo hijos, sólo por eso, vaya forma tan mediocre de querer determinar la madurez de alguien.  

El descanso, un lujo que las solteras y los solteros podemos darnos.

Hubo un tiempo en el que ocupaba mucho de mi tiempo en mi negocio y creo que el hecho de estar soltero propició en gran parte a que esto sucediera.
Fuera de un horario de trabajo promedio el tiempo restante era básicamente tiempo libre y aunque parte de ese tiempo lo invertía en otras actividades, a veces llegaba al punto de destinarlo también al trabajo; supongo que no es del todo malo, pero a veces padecía los estragos: me sentía rebasado, inconforme, incompleto y experimentaba cierta nostalgia. Al paso de los meses descubrí  que no era sano ese nivel de enajenación por algo que no siempre es satisfactorio, y los deberes llegan a tener ese impacto en nuestro ánimo.
Y es que hace apenas unos dos años atrás llegaba a extender mis horas de trabajo hasta en sábados y domingos; es fácil caer en esto porque tienes el tiempo disponible y no hay nada que demande tu atención, por eso resulta fácil caer en la trampa de “adelantar” trabajo, de hacer un esfuerzo más y de trabajar mientras otros descansan.  En mi caso, llegó un momento en que la pasaba casi todo el tiempo trabajando y no me permitía ningún descanso. Acabé fastidiado y fatigado emocionalmente. Ya no me sentía satisfecho, y lo que en un principio me motivaba ahora era un tormento, pero había llegado a ese punto porque yo mismo lo había permitido.
Hay algo que la gente casada y con familia tienden a hacer, y es priorizar o al menos tratar de hallar un equilibrio entre el trabajo y la familia. Los fines de semana los dedican a la familia, y sus tiempos libres también. Siendo solter@s, no tenemos esa contraparte, estamos solos, y al no tener –en apariencia- deberes con alguien más, llegamos a invertir también ese tiempo en el trabajo. Pero creo que hay un deber que subestimamos, y es el deber con nosotros mismos.


Quizá lleguemos a creer que pasar el fin de semana sin hacer nada -que es uno de los privilegios de los que podemos gozar- es “perder el tiempo”, y no le damos la misma importancia que invertirlo en una fiesta, en una comida, en un rato de convivencia con la familia, en una visita al cine, etc. Estamos literalmente tirados en el sofá, leyendo o viendo series o lo que sea. Quizá lleguemos a pensar que eso es un desperdicio de tiempo que podemos aprovechar para “adelantar trabajo”, para invertirlo un poco más en él. Nosotr@s podemos descansar, los casados y los que tienen familia no pueden darse ese lujo; pero en realidad no se trata de una pérdida de tiempo sino de un tiempo de recuperación, de dispersión, de soledad revitalizante.  Stephen R. Covey, en su libro Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, habla de esto en el séptimo hábito: afilar la sierra, es decir, tomarnos un tiempo para recuperar energía, para meditar, para replantear las cosas. Hay que hacer pausas en el camino para volver a tomar las riendas con más visión, con la sierra afilada.  


En estos tiempos se sobrevalora mucho el hecho de estar ocupados, de tener siempre algo qué hacer, pero es sólo un estereotipo como muchos de los que se propagan en la sociedad y que no por eso dejan de estar errados. Necesitamos descansar, dormir, reflexionar. Hay quienes no pueden hacerlo, nosotr@s sí.
Es muy importante descansar, aunque en esta sociedad mercantil eso se vea mal.
En lo personal tomé la decisión de trabajar sólo de lunes a domingo y los fines de semana ocuparlos casi exclusivamente en otras actividades: leer, escribir, hacer memes, ver películas, dormir, lavar mi auto, ir a mi clase de Tango, etc. A veces llego a trabajar un poco, pero sólo después de haber realizado alguna otra actividad. Y con el tiempo libre entre semana hago lo mismo; tengo un compromiso conmigo mismo y me he sentido mejor.

Si escucháramos a un padre o una madre de familia veríamos cuánto desean ell@s pasar un día entero descansando sin interrupciones. Ni los fines de semana pueden descansar, así que es un privilegio del que podemos disponer nosotr@s, ¿por qué no hacerlo? 

domingo, 26 de febrero de 2017

Mujeres de 40 y más.

Señora de las cuatro décadas de Ricardo Arjona salió en 1994, cuando él tenía alrededor 30 años y yo tenía 15.
Volví a escuchar la canción hace un par de días, ahora que me encuentro casi en el epílogo de los 30s y mi circulo de amigas incluye necesariamente mujeres de más de cuarenta años.

En los artículos que he llegado a leer sobre el tema regularmente se suele hacer una comparativa entre las de 40 y las de 20 años; me parece entendible como una forma de marcar las diferencias entre las edades y los cambios, pero ya lo han hecho así que evitaré hacerlo y me abocaré sólo a señalar lo que a mi parecer resulta atractivo de una mujer en los 40s. 



1.                 Su calma ante la vida, una calma que pone en evidencia que ya se tiene cierto conocimiento y dominio sobre el terreno, sobre la vida, sobre su vida. Ya no van con prisa, saben que es imposible comerse el mundo de un bocado así que lo consumen en trozos, de a poco pero de forma constante.

2.                 Cuando hablas con una mujer de más de 40 sabes que te escucha con atención; suelen guardar un silencio casi absoluto, apenas con breves inflexiones para hacerte saber que te están escuchando.  A esta edad no necesitan demostrar nada, por eso no interrumpen con cualquier comentario vano, esperan, meditan al hilo, y cuando hablan te das cuenta no sólo te ha escuchado, sino que te ha entendido a la perfección.

3.                 Hacer el amor con una mujer de más de 40 es como comer en buenos restaurantes todo el tiempo. Buena atención, buena mesa, buen ambiente, la porción indicada, buen vino y la garantía de que comerás delicioso.


4.                 Una mujer de más de 40 años es casi por antonomasia una excelente consejera. La experiencia le brinda esa cualidad; quieres apoyo o un buen consejo, nada como una mujer de más de 40 años.

5.                 La dupla Juventud-Experiencia. A los 40 años aún se es joven, se tiene vitalidad, deseos de vivir, de disfrutar y de aprender, pero también se tiene experiencia y eso es algo que cuenta mucho. Ya no se quiere perder tiempo, o mejor dicho, se desea invertir de la mejor manera, así que convivir con una mujer de esa edad es casi garantía de buen gusto, de tiempo de calidad y de buenos momentos.

6.                 El amor. No sólo ellas, también en mi caso he asumido la misma postura: lo que menos quieres son problemas, que te fastidien tu día. Por esta razón suelen poner las cosas en claro desde el principio: quieres una aventura, tendrás una aventura; quieres amistad tendrás amistad; quieres amor,  tendrás amor y lo anterior. Pero con ellas hay que ser claro porque ya no van a perder el tiempo en tonteras. Por esto también han dejado de lado los celos y la actitud posesiva. Su postura es tajante: quieres estar con ellas, quédate; no estás feliz, vete. Una mujer en los 40s no te va a rogar, se valora lo suficiente como para no necesitarte o andar tras de ti.




Al menos este sería el compendio de virtudes que para mí tienen la mayoría de mujeres después de los 40 años, aunque estas ya van haciéndose notar tiempo atrás, en la década de los 30s, por lo que no sólo se circunscribe a ellas, sino a aquellas que ya desde los 30s han alcanzado ese nivel de experiencia y madurez y que se verá reflejada en plenitud a los 40 años.

Hacer las cosas que nos gustan

A veces no me da tiempo de hacer las cosas que más disfruto y experimento un poco de frustración, pero al final siempre estoy en la posibilidad dejar de lado algunas actividades para dedicar más tiempo a lo que me gusta.  Entonces pienso en esas personas casadas y con hijos que siempre están ocupadas en las obligaciones que eso les demanda: el no poder dejar a sus hijos ni un momento y todas las tareas que implica llevar una familia. Me pregunto el nivel de frustración que deben alcanzar a veces, porque somos seres humanos y nuestras pasiones siempre estarán ahí llamándonos, podemos ignorarlas momentáneamente  pero no por eso llegan a desaparecer.


Mantener una familia consume mucho tiempo y mucha energía en deberes, todas esas cosas que en apariencia “se tienen que hacer”, y todo eso desplaza en prioridad a las cosas que verdaderamente queremos realizar. Ir posponiendo las cosas que nos gusta hacer puede generar mucha frustración e imagino que por eso a veces suele generarse un ambiente tan tenso y de constante irritación en las familias.
Creo que si en una familia no hay respeto ni se goza de cierto grado de libertad e independencia, puede generarse un profundo resentimiento y frustración. Porque así como necesitamos socializar también requerimos tiempo de forma individual, ese tiempo donde hacemos lo que nos apasiona, o simplemente nos mantenemos alejados de todo lo que nos genera estrés.
Sospecho que una gran cantidad de personas no fueron conscientes de lo que implicaba tener una familia y se aventaron a formar una pensando que en ella radicaba la felicidad casi por antonomasia. Sin embargo, jamás supieron lo demandante que podía ser eso y no todos logran lidiar con el estrés que eso puede provocar. Aquello termina siendo un martirio para muchos.
Personalmente no estoy dispuesto a abandonar la libertad de la que gozo, ni el tiempo que invierto en las cosas que me gusta hacer. Fuera del tiempo que invierto en el ámbito laboral, las horas restantes quedan completamente a mi libre albedrío. Puedo dormir, leer, escribir, ir al GYM, ir a bailar… lo que me venga en gana, no hay deberes más que conmigo mismo y eso es algo que no pienso dejar. Por eso no quiero enrolarme en una relación inmadura en la que deba abandonar gran parte de las cosas que me gusta hacer. Pienso que de tener una relación sería en libertad (y no confundir libertad con libertinaje), no tengo derecho a impedir que mi pareja haga lo que no quiere o deje de hacer lo que le gusta, no tengo por qué restringir esas cosas de las que disfruta y son parte de su esencia, y esto debe ser recíproco.

El problema del amor es la carga de pertenencia que se le atribuye y ese es un error común y devastador. El amor ni siquiera es sinónimo de propiedad. En lo que a mí respecta, no pienso abandonar mi soltería para meterme a una relación de impedimentos, y no es que pretenda tener una relación y seguir como si estuviera soltero, no, porque esto sería también inmadurez; porque una relación también requiere de tiempo, de dedicación y cierto sacrificio, un sacrificio que en vez de generar malestar genera bienestar. Estoy dispuesto a invertir tiempo, vida, lo necesario para estar bien, pero no para estar peor.

Hay que pensar lo que uno quiere e ir por eso, la secuencia de vida que nos han trazado no funciona para todos y es decisión de cada uno ir armando nuestra vida como mejor nos acomode,  y creo que siendo el mundo tan variado hay muchas posibilidades de hallar quien tenga similitudes con nosotros.