miércoles, 4 de noviembre de 2015

Una carta para María

Ya ves que no te necesito, que he pasado todas estas lluvias sin ti, que he velado todas estas noches sin hablar contigo, que ni siquiera me he afanado en buscarte.  He podido vivir sin ti y más aun he disfrutado de esta vida.

¿Has sentido que a veces hay días especiales en los que inexplicablemente amanecemos más
radiantes que otros? Tengo la absurda idea de que en esos días andas muy cerca. Pero no te busco, no ando persiguiendo "Marías" como quien levanta piedras para encontrar oro. Tampoco me hago acompañar innecesariamente ni mendigo compañía para paliar una soledad que no padezco. Has de saber que me encuentro bien, batallando a diario sin queja ni resignación pues he tomado esta vida por convicción y no como una fatídica consecuencia, es la vida que quise, la vida que escogí.
No diría que es una vida difícil, mas bien es compleja, llena de aventuras y retos que no siempre han salido bien. He perdido muchas veces y no sé la cuenta de las veces que he ganado. Las caídas las tengo mas presentes porque, inevitablemente, son los días en que más pienso en ti. Sabrás entonces que ahora que nos veamos me hallarás con viejas cicatrices y quizá algunas muy recientes. Eso mismo adivino en ti, los mismos días malos, los mismos miedos e inseguridades, la misma forma de procurar un mundo más a tu manera.

Mira, no tengo necesidad de ti, pero tengo un deseo y un gusto prevaleciente por verte, por hablar y hallar todas esas cosas que desconozco y que forman parte tuya, el mundo que traes a cuestas, esa estela que has dejado en tu paso por esta vida. Será interesante y entretenido escucharte hablar de esos años tuyos que has acumulado. ¿Tienes un auto? ¿una casa? ¿un libro escrito, una esperanza terca, un sueño ridículo?  Ojalá mientras te escribo esto tus días no estén tan malos. Aunque no te conozco sé que eres capas, que vences tus miedos, que llegaras a esa cita con las rodillas y el alma raspadas. Sé que así te reconoceré.


Mariana

Les voy a hablar de Mariana.
Mariana es una joven bachiller, lo que me resulta un poco desafortunado ya que eso nos pone en dos mundos paralelos cuya distancia es infranqueable. Mariana es una vecina de por el rumbo donde viví con mi familia tantos años. Mariana desborda juventud y en ese desborde siempre te contagia. Pero Mariana es también bonita y simpática, Mariana quiere ser médica forense.
Cada que veo a Mariana le pregunto su edad esperanzado quizá a que en cada reiteración se le pudieran ir sumando años a su vida hasta alcanzarme, como si mis años no transcurriera a la misma velocidad de los de ella. Así ha sido desde que la conocí: primero 15, luego 16, 17....
.-¿Cuántos año tienes, Mariana?
.- Voy a cumplir 18.
Mariana se ríe de casi todos mis chistes por malos que sean, tiene el humor intacto, la alegría en ella misma. Nos saludamos en la calle cuando ella vuelve de la escuela y yo salgo de la visita con mi padre. Mariana es guapa, graciosa, de piel clara; Mariana baila cuando la música suena. Mariana esta alegre de cumplir 18 años y yo la motivo: podrás entrar a donde quieras. A Mariana eso la hace feliz.

Me gusta cuando nuestras vidas se cruzan sin tocarse porque Mariana es esos años distantes, el recuerdo de la indiferencia por la vida, de las sorpresas constantes dónde todo es nuevo. Mariana renueva todo, renueva mi risa, mi pensamiento, es explosiva y hace de su risa una fiesta. Es como si ella me recordara lo olvidado, la locura y la simpleza de lo que realmente importaba.
Me gusta encontrarme con Mariana, aunque sea a lo lejos y aunque sea apenas para preguntarle su edad.

domingo, 18 de octubre de 2015

Mi apatía por enamorarme.

Por qué me da tanta gueva, en serio, es gueva: esa renuencia de estallar en actos heroicos, en atravesar ciudades, mares, … ya ni motivación siento por atravesar el tráfico cotidiano. 
Antes me desvivía, era audaz, decidido, emotivo… ahora sólo tengo gueva. Quiero irme a mi casa, preparar algo, cenar, ver una película y descansar. Antes me desvelaba por una mujer, ahora me desvelo sin sentido.



Tan rodeado de mujeres bellas y yo con esta gueva que no comprendo.
No es que no me interesen, porque me gustan, quisiera estar con ellas, las admiro, pero tengo gueva.
Gueva de sacrificio, gueva de enamorar, gueva de ser audaz, espontáneo y todas esas cosas que he tenido que hacer siempre… estoy un poco fastidiado de ser ese hombre galante, caballeroso, gracioso, educado, respetuoso, poeta, comprensivo, y además de economía holgada para pagar todo y que aún así, a veces, ni un poco de consideración obtengas, cómo si por el hecho de ser hombre implicara ya una deuda con todas las mujeres.

A veces quisiera volver a perder la cordura, escribir poemas de amor, cartas, sentir esos nervios previos a la cita, desvivirme por alguien. Pero de eso ya sólo me queda una flojera que a veces pienso es la razón por la que huyo cuando veo que tengo que volver a ser un príncipe y atravesar el río infestado de cocodrilos, la cordillera tenebrosa, pelear con el dragón y, ya cansado, subir hasta la torre por un Thank you Mario but our princess is in another castle. ¿Por qué no baja ella y nos vemos en un lugar intermedio donde no haya tanto desmadre? ¿Es mucho pedir?

Ya no pienso atravesar ni una simple avenida congestionada de autos sin al menos saber que del otro lado hay alguien que me está esperando, porque no quiero ningún favor, no quiero ser ya un Mario Bros buscando a una princesa y hacer todo el trabajo para que a cada gran esfuerzo realizado me digan “Thank you Mario but out princess is in another castle”  La mujer que yo quiero me gustaría encontrarla a mitad del camino, una mujer que del otro lado también esté librando una batalla por hallarme.   

A veces encuentro a una mujer que me agrada y le hablo, la invito y… desisto. Se me van las ganas, vaya, ya ni para sexo casual quiero esforzarme. Y es que a pesar de todo, a pesar de esos movimientos emancipadores femeninos, el cortejo ha sido una tarea a la que parece que no piensan entrarle. Claro, recorrer ese camino tortuoso, de tácticas y estrategias requiere valor, tenacidad y una tolerancia al rechazo después de todo el esfuerzo que has hecho. A eso pocas, muy pocas, muuuuuy pocas le entran.



Ya no quiero más eso, estoy hasta la madre¡. Y quizá muchos compartan mi postura. Porque en verdad, ahora, en este momento, se necesitaría mucho, mucho, para que invitara a una mujer a un lugar caro, para que le llevara serenata, para que planeara una de esas sorpresas que hacíamos de adolescentes. En verdad que quisiera una llamada, una sóla pinche llamada; un pequeño asomo de interés, de esfuerzo, de riesgo por su parte. Porque la que es princesa quiere ser reina y entonces jamás cambian. Y yo no quiero eso. No quiero una reina viviendo conmigo. Quiero una mujer que no de penda de mí, porque yo tropiezo regularmente y en vez de traerla al piso conmigo me gustaría que pudiera ayudarme a levantarme. Quisiera una mujer que pueda hablarme de algo que yo no sepa, apasionada de lo que hace, de lo que dice, de lo que piensa. Una mujer que pueda recomendarme un vino y no tener que cargar hasta con esa responsabilidad. Una mujer que conozca su sexualidad, así no tendría que hacer yo todo el trabajo: el de ella y el mío.

Antes me gustaba jugar Mario Bross, pero tras muchos esfuerzos me di cuenta no llegabas a nada.  Desisto de eso. Así vivo bien, en mi departamento de soltero, saliendo con amigas a las que no tengo que estarles endulzando el oído o insistir hasta la humillación. Disfruto mi soltería. Pero a veces me siento motivado por una mujer, entonces me acerco y actúo, pero ya no me desvivo. Creo que ahora me quiero más de lo que me quería antes. Sé que las princesas no valen la pena, y ya estoy grande para pensar en ser un príncipe.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Playboy cambia; el pudor social, no.

Playboy nunca fue una revista pornográfica, ni siquiera la consideraría sexual. Se trataba más bien de una revista dirigida a los intereses masculinos con su respectiva carga de mujeres “perfectas” posando desnudas. Fue, y sigue siendo, de las revistas que más abusaron del retoque fotográfico exhibiendo mujeres de piel inmaculada y cuerpos perfectamente delineados.


Creo que la revista ha sido el paradigma de la sexualidad norteamericana: una revista para una sociedad católica que buscaba un poco de rebeldía sexual. Porque librados de ese absurdo temor a la desnudez, Playboy bien podría leerse en cualquier cafetería, porque eso hay que reconocerle, ha sido una revista con buen contenido editorial.

Evidentemente los tiempos cambian y creo que Playboy se enfrentó a la disyuntiva de pasarse al lado de las revistas que exhiben genitales a lo bruto o sostenerse en lo que ha sido su columna vertebral: una revista masculina por tradición no sólo por las mujeres desnudas que aparecen en sus páginas, sino por la línea editorial que siempre han manejado dirigida al lector masculino. Ahora, cuando ver mujeres desnudas está al alcance de cualquiera y que el movimiento feminista ha dado batalla a los estereotipos de la “mujer perfecta”, el uso de cuerpos desnudos excesivamente retocados deja de ser un atractivo principal.

Playboy era una revista que se leía en la intimidad, en la soledad; ahora, ya sin los desnudos, pasará a ser una revista leíble a toda hora, en todo momento y en cualquier lugar. Creo que ha sido una buena decisión. Aunque esto nos muestra cómo a pesar de que el acceso a la sexualidad gráfica es ilimitado, aún la desnudez sigue siendo objeto de tabúes frente a la exhibición descarada y morbosa de las escenas violentas en los diarios y revistas de más circulación. Puedes leer sin problema Proceso, News Week, o cualquier diario que exhiba fotografías de cadáveres o escenas de guerra; pero no puedes sacar una Playboy en un Starbuks porque te tildaran de enfermo. Así la moral moderna.


En mis años en este planeta sólo una vez compré la revista y la tuve que ocultar. Jamás lo volví a hacer ya que implicaba el trabajo de tener que buscarle un escondite. Ahora creo que podré comprarla y leerla sin problema en cualquier cafetería. Playboy se ha visto en la necesidad de cambiar para volverla accesible; por el contrario, en todos estos años la sociedad no ha cambiado su postura ante la desnudez. 

domingo, 11 de octubre de 2015

El Tango y las relaciones de pareja

Su esencia

He llegado a pensar que una buena pareja de baile puede dar origen una buena relación en pareja. El Tango es una disciplina que exige un nuevo enfoque en la forma de bailar, se trate independientemente de parejas heterosexuales o del mismo sexo. No hay que olvidar que en sus orígenes el Tango era bailado entre hombres y que poco a poco fue adoptando una forma heterosexual.
  

Pero en el Tango he encontrado una peculiaridad en la relación que se crea en la dupla. No es necesario explicar que el Tango es un baile sensual, erótico, que implica un ir y venir en el contacto físico entre los cuerpos de quienes lo bailan. En este trajín es innegable que se despierten pasiones que en esencia son las que le dan toda su magia al Tango. No es raro que personas ajenas consideren a la pareja que baila como una pareja sentimental, y esto es gracias a la excelente interpretación que hacen del baile. Cuando dos personas bailan y se entregan a la pasión del baile, esta se visualiza, se transmite y entonces toda la esencia del Tango se hace patente.

Sin embargo, esa sensualidad, ese despertar erótico dura lo que dura una tanda. Es, como dice un maestro, una actuación y como tal se realiza en el más profundo respeto. Un actor se besa apasionadamente con la actriz, y tal es la entrega con su papel que evidentemente creemos que se trata de dos enamorados. Con el Tango sucede lo mismo.

Lo anterior hace que el Tango sea un baile no apto para todos. Aquellos que caen en las interpretaciones erróneas, incapaces de separar el arte del arrebato carnal, pueden verse incapaces de llevar una buena relación con el baile. Es la diferencia entre el abrazo pasional y el abrazo que incomoda; el acercamiento seductor del acercamiento que atemoriza; la caricia que estremece de la caricia que ofende. De la misma forma, entre parejas suele ser un baile comprometedor. No todos pueden tolerar que pareja sentimental se alce en un vuelo apasionado con otra persona. Requiere de un concepto totalmente distinto de lo que tradicionalmente es el ideal de “pareja”. Quienes tienen ven al noviazgo o al matrimonio como una relación de posesión, como una apropiación del otro, encontraran en el Tango un problema grande: los celos que evidencian lo endeble de una relación. En el extremo están los que ni en clase se despegan de su pareja, tan doloroso les resulta la idea de que alguien más despierte la pasión de quien se consideran exclusivos para todo. O quizá les da miedo que otra persona despierten en conyugue lo que ellos o ellas dejaron de provocarles hace mucho tiempo. Pero es otro tema.
 
El Tango es eso, al menos es mi visión en los casi dos años que llevo de estudiarlo. Y en éste tiempo he hallado la razón por la que Jorge Bucay lo tomó, sobre otras disciplinas, para ejemplificar los males en las relaciones de pareja en su libro “Amarse con los ojos abiertos”. Y he aquí lo que he visto.

La comunicación

En el Tango no existe la coerción ni el jaloneo. No jalas o empujas a tu pareja para que haga tal cosa. No son ordenes, mucho menos ordenes a ejecutar por medio de impulsos físicos. Aunque en el Tango el contacto físico es primordial, el forcejeo no existe. Irremediablemente me viene a la mente esa escena de la pareja de novios o esposos que en la calle dan esos espectáculos jaloneándose, presas de la frustración. En el Tango esto es grosero –como en la vida debe serlo-, es no saber bailar. El secreto del baile esta en la comunicación corpórea, que en cada paso va dejando espacios para que ambos puedan moverse libremente. Uno es quien sugiere un movimiento, lo manifiesta de forma sutil pero entendible, el otro lo realiza y quien lo sugirió, acompaña. Es un ciclo en el que ambos se van siguiendo, no es un baile lineal en el que uno ordena y el otro ejecuta. En el Tango ambos ejecutan en armonía, y el espacio que va dejando uno, el otro lo ocupa. Pero para que esta armonía se dé debe haber una comunicación que no incluye en ningún momento la coerción.

Abrazados como estamos, en pareja, entramos en un estado de comunión sin rivalidades y sin aires de superioridad. El hombre da inicio al baile con movimientos que la mujer interpreta y ejecuta, inmediatamente el hombre la sigue, y así hasta el final. Sin embargo, en el proceso de aprendizaje surgen los problemas, tan típicos y ordinarios como lo son en las relaciones de pareja.

El hombre, tomando la posición que se le da por convención de guía –es una convención sin pretensiones ni ínfulas de grandeza- suele perder ante la frustración cuando su pareja no hace lo que él propone, entonces el sentido del baile se pierde y comienzan los jaloneos; cuando los jaloneos no dan resultado surgen los reclamos y entonces eso se convierte en una típica pelea de enamorados adolescentes. La mujer se defiende y culpa al hombre, entonces el baile que debería ser un arte se convierte en una batalla. ¿Qué pasa?

En clase he bailado con hombres en el papel de la mujer y he notado que al menor error te culpan pues son incapaces de siquiera concebir que ellos pudieran estar haciendo algo mal. No saben indicar lo que desean hacer y lo hacen, o lo hacemos, mal. Pero pocos son capaces de considerar el hecho de que pueden equivocarse.

En el caso de la mujer, un comportamiento común es el de no responder a la sugerencia que se le hace. Entonces van solas, y cuando el hombre entra en confusión arremeten de igual forma que los hombres: culpan.

Creo que tanto en el baile como en las relacione de pareja estos son comportamientos comunes en ambos lados: no saber expresar lo que deseas y no saber escuchar. Como en el baile, cuando las cosas no salen como pretendemos habría que pensar primero si nosotros estamos haciendo las cosas bien y no sólo caer en la reacción inmediata de culpar al otro o a la otra. Ella no hiso lo que le sugerí, quizá no se lo exprese bien; él acabó confundido por lo que hice, quizá no lo escuche bien. Es un error muy común en el que no se llega a nada.

Los espacios      

Otro aspecto interesante es referente a un término que los profesores siempre manejan, el de “abrir espacios”, que significa dar libertad para que el otro o la otra pueda moverse y ejecutar. Gran parte de los movimientos en el Tango son cambios de posición en los que uno ocupa el lugar del otro: el hombre abre un espacio al que la mujer accede, entonces el hombre ocupa el espacio liberado por mujer. Cuando las cosas no se dan así el forcejeo se hace evidente y toda la compostura y elegancia del Tango se pierde y en lugar de tener un baile sensual se crea un baile torpe, en el que los cuerpos se agolpan buscando apropiarse cada uno del espacio.  No basta con saber comunicarse, hay que dar libertad de movimiento para que así, nosotros mismos lo tengamos.

Quizá por estos aspectos el Tango suele ser un baile que se diferencia pero que puede llegar a ofrecer un verdadero espectáculo artístico la pareja armoniza y se entrega a la pasión del baile. Sucede algo similar en las relaciones de pareja, en donde la comunicación es fundamental así como la libertad de acción de cada uno de los integrantes. Culpar a la otra persona siempre será una salida fácil, pero siempre se corre el riesgo de que la culpa sea nuestra y al no reconocerlo sólo estaremos cayendo en la desacreditación, la humillación y la perpetuidad del conflicto.


He llegado a pensar que la forma en como uno se maneja alguien en el baile nos puede dar un vistazo aproximado a nuestra forma de ser como parejas. Hay personas que ante el error te dicen “no pasa nada” y siguen. Si se trata de dar un consejo lo hacen como tal, no como un regaño. Te orientan sin la violencia de la humillación. Pero también se necesita de apertura para aceptar esos consejos, las observaciones y, sobre todo, la flexibilidad de aprender.     

domingo, 13 de septiembre de 2015

La vida en pareja vista desde la soltería.

Desde nuestro estado la vida en pareja puede tomar dos aspectos: el de un campo de concentración con cercas minadas o el de un jardín edénico. 
Algunos de nosotros somos reticentes a relacionarnos con alguien por todo lo malo que llegamos a ver en la mayoría de las parejas, tenemos a la vista una cantidad considerable de relaciones fallidas en las que -por una razón que no siempre comprendemos- sus integrantes se fuerzan a mantener como una corona de espinas. Si bien una relación no tiene que ser pura felicidad (¿en verdad no es posible?) Creo que la  balanza, si no equilibrada, tampoco tiene por qué estar inclinada hacia la resignación.

No queremos pareja -o casarnos-, porque eso que vemos esta muy alejado de lo que un soltero o una soltera que se respeta desea en su vida. Mejor así nos quedamos.

Pero si en nosotros aun queda algún deseo inconfeso de encontrar a "alguien" con quien convivir de forma más personal e íntima, creo que aspiramos a algo mejor, por lo menos distinto de las aberraciones que vemos. Y eso compone la otra visión que nos formamos de lo que podría ser una buena relación de pareja o un buen matrimonio.


No quieres acabar diluido por tu pareja, mucho menos coartado. Esperas poder compartirte y conocer una parte del mundo a través de tu pareja. Celar, es convertir la relación en una prisión para dos.

Esa imagen de las relaciones ordinarias, tradicionales, es la de prisiones a las que uno se somete voluntariamente, pensando que "el amor" hará tolerable la sujeción y la represión de nuestras aspiraciones como seres individuales. Ya en la vida en pareja los planes de cada uno desaparecen, los ímpetus por aprender algo nuevo se posponen y la libertad se pierde. Así mal funcionan la mayoría de las relaciones hasta que explotan acabando en infidelidades en el mejor de los casos y en la muerte en casos lamentables.

Al menos yo, prefiero la soltería solitaria a la compañía tormentosa. Así me parecen la mayoría de las relaciones de pareja, aunque la esperanza esta en aquellas con relaciones verdaderamente armónicas y sanas en las que crecen juntos antes que acabar por anularse.

Desde nuestro estado podemos aprender; es triste ver como muchas parejas viven en la frustración y el arrepentimiento. Aunque, he de decirlo, no lo confiesan ya que al hacerlo negarían a sus hijos y para muchos estos son lo único rescatable de su precipitada decisión.




miércoles, 2 de septiembre de 2015

Deseo sexual en l@s solter@s


¿Cómo lidias con las necesidades? Porque hay sensaciones que florecen desde dentro que podría decirse que son propias de tu humanidad como la risa, la actividad física, el esparcimiento, la independencia; y me refiero, en este caso, a una necesidad de contacto que de pronto sobreviene y se instala punzante, impersuasible.

Los de vida asceta dirán que no necesitas del sexo para vivir. Tampoco necesitas la risa, del aroma del mar, ni del esparcimiento; y entonces te reducen a un simple organismo biológico que sólo requiere alimento, agua y un poco de sol.

Qué complicado resulta a veces satisfacer nuestra sexualidad cuando somos solter@s. Está la masturbación pero no es lo mismo, no es igual. Y es que yo hablo del contacto, de la buena cogida, de esa sexualidad que implica mucho más que la interacción de nuestros aparatos reproductores. Me refiero al arte de la cogida que sólo se obtiene con la práctica, que no es sólo meter y sacar. Porque  meter y sacar es casi equiparable a la chaqueta* (y a veces una chaqueta puede ser mejor).

Ojala entre solter@s pudiera haber más entendimiento, una especie de complicidad  para no verse privados de algunas necesidades. ¿Por qué es tan difícil tener sexo? Ojala fuera tan fácil como salir a tomar un café, como cuando invitas a una amiga -o un amigo- a comer, al teatro, al cine. ¿Por qué nos inhibe aún el sexo?

En muchas culturas, y la mexicana no es la excepción, el sexo esta intrínsecamente ligado a la culpa; siempre vigilado férreamente por la moral en turno y cuando sales de los parámetros permitidos hallarás jueces en todos lados. El sexo, desafortunadamente,  no ha quedado desligado del concepto de la suciedad mental. Por eso la relación sexual no entra dentro de las convivencias habituales entre amig@s, es más, aún entre parejas suele ser un tema complicado y motivo de desavenencias e insatisfacciones. ¿Qué será más terrible, la frustración sexual en la soltería o en el matrimonio?

A veces veo a mujeres solteras que expresan de una u otra forma su necesidad y deseo de disfrutar de la sexualidad. Sin embargo, estas en completa libertad de invitarlas al cine, a disfrutar de un café, pero jamás les propones un encuentro erótico, no a todas, digamos que no es algo habitual. Pero este ideal de relajación sexual es utópico, la idealización de un soltero calenturiento que ha pasado ya bastantes días sin disfrutar de la feminidad de una mujer y que en su ansiedad desearía que no fuera tan complicado pasar un buen momento en compañía de alguien de confianza.

En mi mente anhelante desearía contar con la complicidad de una soltera -aunque podría ser una casada, sólo que las esposas suelen tener un horario muy complicado-, en una forma de mantener satisfechas los deseos y necesidades mutuas.


¿Y por qué no conseguirse una pareja y ahorrarse esa palabrería desesperada?

Sería lo ideal, pero tampoco vas a fingir estar enamorado para tener sexo. Y en cuanto a una pareja estable, de sentimientos románticos y nobles compartidos, pues habría que encontrarla y eso, por lo regular, toma su tiempo y su proceso. Y en ese proceso, surgen estas necesidades. Y quien sabe, quizá en ese intercambio sexual surja algo, de la misma forma en que surge de los paseos por el parque, las charlas con el café, las convivencias.

Cada quien, en su desesperación -¿o seré el único que llega experimentarla?- hallará las formas de saciarla, porque en ningún momento he pensado convertirme en un asceta. Solo pienso que podría ser menos complicado y, a veces, menos riesgoso.

Parece un llamado a la promiscuidad, a un desenfreno sexual. Pero no es ese el extremo al que quisiera llegar, porque además es cierto que cuando tienes relaciones tu anhelo disminuye por un tiempo. Y en suma, sólo es una reflexión sobre la forma en que quizá podríamos cubrir unas necesidades y no la forma como podríamos llegar a una vida frívola y promiscua, al final, supongo que aspiramos a algo más elevado, no sólo física sino también emocionalmente.  


*El término Chaqueta se utiliza en México para llamar coloquialmente a la masturbación. Así, uno puede decir me estoy hacienda una chaqueta, o deja de chaqueteartela.


Fotos tomadas de los siguientes enlaces