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sábado, 10 de marzo de 2018

Las heridas tras el divorcio


Hace unas semanas estuve a punto de terminar encerrado en las celdas municipales por culpa de un amigo al que conozco desde la infancia.  ¿Cómo fue que ese niño al que conocí a los diez años terminó en tal estado de demencia, en tal estado de sordidez?


Tengo que decir que fue tras su divorcio cuando el cambio en su estado emocional fue notorio. Pasó al menos dos años sumido en el alcohol, enajenado en pensamientos que hasta la fecha no logra erradicar de su cabeza: El resentimiento, la frustración y el sentimiento de fracaso derivados de su divorcio afloran cuando bebe.
La convivencia con él fue volviéndose insoportable. Al principio lo acogí, se encontraba herido y como amigo quise apoyarlo. Sin embargo, al paso de los días me di cuenta que algo no andaba bien en su comportamiento, era errante, desvariaba, pero creí que era circunstancial y pasajero. Sin embargo, lo que sucedió en ese domingo fue determinante para que decidiera alejarme definitivamente de él, al menos por un tiempo considerable.
Veníamos de regreso a la ciudad y en el trayecto bebió demasiado. El problema fue cuando entramos al municipio y a las colonias aledañas a donde vivimos. Me pidió que parara, descendió del auto y en medio de la calle orino sin ningún recato. Esto lo hiso dos veces. Mi error, mi gran error, fue acceder a acercarlo a la casa de una de sus ex parejas. Lo dejé a una calle de distancia, y a partir de ahí todo se salió de control.


No sé qué sucedió en la casa de su ex pareja, pero antes de que recorriéramos un par de calles la policía municipal nos alcanzó. A él lo esposaron, alegué que se encontraba completamente borracho y que no hicieran caso a todo lo que decía. Quizá fue un atenuante el hecho de que yo no haya bebido ni un sorbo de alcohol. La policía tuvo un trato distinto conmigo, sin embargo, venía con él, el auto era mío y era cómplice. En consecuencia, iríamos detenidos los dos. Esto era grave por una razón de peso, al día siguiente iría a aeropuerto a recoger a Mariana que llegaba de Colombia.
Enfurecí, aun cuando parte de la culpa era mía, por confiar y por ceder a los impulsos de un borracho.
Al paso de los días, ya con serenidad, no he podido dejar de pensar en Jaime y el punto al que ha llegado.
Dicen que los divorcios a veces dejan heridas que jamás cierran, que lastiman mucho y que los hombres los sufren más que las mujeres. No lo sé de cierto, pero ese amigo que conocí a los diez años ha tenido un cambio lamentable. No sé qué hacer, no sé cómo manejarlo. No sé si hablar con su familia, con sus ex parejas, no sé cómo manejarlo.
Los fracasos en las relaciones dejan heridas muy profundas, y supongo que todos en alguna medida las llevamos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

La sandía y el cunnilingus

Me gustan los frutos jugosos como la mayoría de los cítricos. En especial me gustan las naranjas, las mandarinas y las limas. Sin embargo, ese gusto tiene mucho que ver con una peculiaridad en la manera que prefiero comerlos: en gajos.
Sí, prefiero retirarles la cascara e ir comiendo gajo por gajo; morder de forma individual  cada lóbulo tibio y que con la presión de mi boca éste reviente desprendiendo todo su jugo.
Sucede lo mismo con la sandía o el melón. Éstos frutos tienen una característica similar a los gajos de los cítricos que mencioné; la diferencia radica en que son, digamos, carnosos. Pero al morder su carne irremediablemente discurren en jugo, un jugo que no deja recoveco de tu boca sin inundar.


¿No sucede algo similar cuando practicas cunnilingus a una mujer?
Quienes gustamos de esa práctica sabemos que puede ser similar a comer una sandía sin recato, sosteniendo de la cascara una generosa rebanada con ambas manos, en un gesto casi equiparable a cuando rodeas los muslos para atraer hacia ti el monte de Venus. Así haces con la sandía, la atraes hacia ti, comes y deglutes y es imposible salir bien librado: el jugo rojo empapa alrededor de tus labios, la punta de la nariz –casi es posible respirar el líquido-, y se escurre por tu mentón, te llega a las mejillas y así tienes medio rostro empapado.
Algo similar sucede cuando sitúas tu rostro en medio de las piernas de una mujer e intentas devorarla.
Vas hacia ese cuerpo a degustar sin recato -como debería ser el sexo-, a empaparte, lo sabes; pero en el caso de la mujer se trata de un fruto perenne y por más esfuerzo que hagas permanece ahí: infructuosa labor por ingerirlo, por exprimirlo todo.  Puedes estar ahí un buen tiempo, como comiendo una sandía o un melón tras otro.  Y terminas con la boca endulzada, desconcertado y satisfecho.  
Desde esa postura puedes ver los dos senos reposando a lo lejos, como cuando vas en territorio llano y a lo lejos divisas los montículos a los que esperas ascender. Montículos que tiemblan en cada espasmo, como hechos de arena fina que se deforman al tacto pero que siempre vuelven a su estado original.
Cuando terminas una sandía –comida sin recato, lo hemos dicho- te enjuagas medio rostro, o de menos tratas de limpiarlo con un paño. Debe ser pronto, el jugo tiene la peculiaridad de secarse rápido.
Cuando crees que has hecho suficiente con una mujer, te comportas como un niño al que no le importan las apariencias: dejas que los fluidos sequen –y secan pronto-, y sigues, quizá a los montículos donde humedecerás un poco, donde terminará por secarse todo ese líquido que llevabas en medio rostro. Es lo bueno del sexo, pocas veces sabes lo que sigue: como un baile en el que el ritmo y la pasión son las que dan paso a los movimientos, no al revés.


Hay quienes comen sandía sin ensuciarse. A veces suelo hacerlo también: la pico en figuras geométricas azarosas y las vierto en un boul; de ahí las voy tomando con un tenedor. Un trabajo limpio.

Afortunadamente con la mujer no es posible hacer eso. Las reglas del buen comensal no aplican. Comes –o intentas hacerlo- directamente, sin cubierto de por medio, sin modales, sin recato. Es la gula infructuosa, insaciable; acabarás con medio rostro humedecido, pero está bien, es signo de que está bien. Comes como un maldito hambriento, te ensucias, te escurre por el mentón; a ella no le importa. Te insta a que sigas, sin modales, sin mantel, sin etiqueta. Y sigues. Da igual. El líquido se seca pronto.

domingo, 2 de abril de 2017

Casarse y tener hijos no es tener madurez.

Casarse y tener hijos es para algunas personas signo de madurez, de compromiso y de responsabilidad, aunque en la realidad sólo sea una mentira repetida muchas veces. Tras esa imagen optimista que se muestra de la familia y del matrimonio, se esconde en muchos casos una cruda realidad: la mayoría se casa y tiene hijos por simple inercia, porque “así debe ser”. Y seguir ciegamente una tradición no es ninguna evidencia de madurez, es evidencia de alineación.
Tras el matrimonio muchas parejas terminan separadas; a otras eso les sucede cuando llegan los hijos. Luego, están las infidelidades, los divorcios y la guerra de por vida entre los ex esposos. ¿Cómo sostener que estas conductas son de gente madura? Por otro lado, no hay nada más irresponsable e inmaduro que seguir a los demás sin cuestionarse siquiera si lo que se hace es lo adecuado para nosotros.
Es irónico que gente que se casó antes de los veinte o que tienen hijos a los que apenas y pueden alimentar, sean quienes nos llaman inmaduros a l@s solter@s, y a los que no queremos tener hijos ni seguir un ritual que ha dado muestras de no ser funcional para todos.
Yo observo y cuestiono; ¿terminar en eternos pleitos de abogados por las custodias y las pensiones, es madurez?
Los matrimonios que se convierten en tormentosas prisiones por los celos ¿son manifestaciones de madurez?
Familias en las que se vive violencia, opresión, donde los niños son dejados a su suerte ¿es eso madurez?
Traer al mundo nuevos humanos para que las escuelas se hagan cargo de ellos, ¿es de personas maduras?
La madurez se manifiesta en el control que se tiene sobre la propia existencia, por las decisiones que se toman por convicción, no por las que se toman por inercia. Hay matrimonios libres de prejuicios, de celos, de sabotajes, son matrimonios que crecen, en los que sus integrantes se desarrollan en libertad y esa libertad la transfieren a sus hijos. Y todos hemos visto alguna vez a este tipo de familias, aunque muy pocas alcanzan esa armonía y esa salud.
     La realidad es que la mayoría de las familias y de los matrimonios se ubican en el otro lado, en el que la inmadurez es la regla.
He visto a padres de familia reprender a sus hijos con discursos absurdos e incoherentes; madres presas de su neurosis y que descargan su frustración al menor error de sus hijos; hombres infieles que buscan amantes al ser incapaces de abandonar una relación que no quieren, y que al no saber vivir solos deciden liarse en otra relación convirtiendo su vida matrimonial en una mentira. Pero los inmaduros, a decir de algunos de estos casad@s, somos los y las solteras.
Tan sólo el traer al mundo a un nuevo ser sin tener la capacidad de satisfacer sus mínimas necesidades es una irresponsabilidad, y por ende de inmadurez.

A mí me han llamado inmaduro, porque no me he casado ni tengo hijos, sólo por eso, vaya forma tan mediocre de querer determinar la madurez de alguien.  

lunes, 20 de marzo de 2017

Relacionarse con mujeres mucho más jóvenes

Veo que a una mayoría de los hombres no les representa ningún problema relacionarse con mujeres mucho más jóvenes que ellos, y me refiero a diferencias de edad de más de 8 años.

Yo confieso que para mí representa un problema, y no sé si tiene que ver con un prejuicio adquirido de alguna forma, u obedece a una postura razonable; lo cierto es que tengo reservas para buscar una relación sentimental con mujeres mucho más jóvenes que yo.

Quizá esto no debería ser un problema, pero lo ha sido desde el momento en que he visto lo difícil que es encontrar mujeres de mi edad que aún estén solteras y sin hijos.  Desafortunadamente vivo en un país donde los matrimonios comienzan a darse antes de los veinte años, ya a los 38, mi edad, muchos y muchas tienen hasta varios hijos de diferente pareja.

Sin embargo, he visto que para muchos hombres relacionarse con mujeres en los veintes no representa ningún problema, cuando yo ni siquiera me siento cómodo acercarme a ellas con fines de ligue.

No lo sé, pienso que quizá se debe a un prejuicio del que no he hallado su origen; porque si es cierto que la diferencia numérica de edad puede ser notable, no siempre es así en los hechos. Hay hombres y mujeres que a pesar de los años mantienen una actitud joven, no sólo en el aspecto mental, sino hasta en el terreno de lo físico; abiertos a la vida, con planes y proyectos aún, llenos de entusiasmo, es razonable que terminen relacionándose con personas más jóvenes.


He leído por ahí que las mujeres tienen cierta tendencia a preferir relaciones con hombres de más edad por todo eso de la madurez y la estabilidad. Quizá debería abrir esa posibilidad, liberarme de ese prejuicio y darme la oportunidad de conocer y relacionarme con mujeres más jóvenes.            

domingo, 26 de febrero de 2017

Hacer las cosas que nos gustan

A veces no me da tiempo de hacer las cosas que más disfruto y experimento un poco de frustración, pero al final siempre estoy en la posibilidad dejar de lado algunas actividades para dedicar más tiempo a lo que me gusta.  Entonces pienso en esas personas casadas y con hijos que siempre están ocupadas en las obligaciones que eso les demanda: el no poder dejar a sus hijos ni un momento y todas las tareas que implica llevar una familia. Me pregunto el nivel de frustración que deben alcanzar a veces, porque somos seres humanos y nuestras pasiones siempre estarán ahí llamándonos, podemos ignorarlas momentáneamente  pero no por eso llegan a desaparecer.


Mantener una familia consume mucho tiempo y mucha energía en deberes, todas esas cosas que en apariencia “se tienen que hacer”, y todo eso desplaza en prioridad a las cosas que verdaderamente queremos realizar. Ir posponiendo las cosas que nos gusta hacer puede generar mucha frustración e imagino que por eso a veces suele generarse un ambiente tan tenso y de constante irritación en las familias.
Creo que si en una familia no hay respeto ni se goza de cierto grado de libertad e independencia, puede generarse un profundo resentimiento y frustración. Porque así como necesitamos socializar también requerimos tiempo de forma individual, ese tiempo donde hacemos lo que nos apasiona, o simplemente nos mantenemos alejados de todo lo que nos genera estrés.
Sospecho que una gran cantidad de personas no fueron conscientes de lo que implicaba tener una familia y se aventaron a formar una pensando que en ella radicaba la felicidad casi por antonomasia. Sin embargo, jamás supieron lo demandante que podía ser eso y no todos logran lidiar con el estrés que eso puede provocar. Aquello termina siendo un martirio para muchos.
Personalmente no estoy dispuesto a abandonar la libertad de la que gozo, ni el tiempo que invierto en las cosas que me gusta hacer. Fuera del tiempo que invierto en el ámbito laboral, las horas restantes quedan completamente a mi libre albedrío. Puedo dormir, leer, escribir, ir al GYM, ir a bailar… lo que me venga en gana, no hay deberes más que conmigo mismo y eso es algo que no pienso dejar. Por eso no quiero enrolarme en una relación inmadura en la que deba abandonar gran parte de las cosas que me gusta hacer. Pienso que de tener una relación sería en libertad (y no confundir libertad con libertinaje), no tengo derecho a impedir que mi pareja haga lo que no quiere o deje de hacer lo que le gusta, no tengo por qué restringir esas cosas de las que disfruta y son parte de su esencia, y esto debe ser recíproco.

El problema del amor es la carga de pertenencia que se le atribuye y ese es un error común y devastador. El amor ni siquiera es sinónimo de propiedad. En lo que a mí respecta, no pienso abandonar mi soltería para meterme a una relación de impedimentos, y no es que pretenda tener una relación y seguir como si estuviera soltero, no, porque esto sería también inmadurez; porque una relación también requiere de tiempo, de dedicación y cierto sacrificio, un sacrificio que en vez de generar malestar genera bienestar. Estoy dispuesto a invertir tiempo, vida, lo necesario para estar bien, pero no para estar peor.

Hay que pensar lo que uno quiere e ir por eso, la secuencia de vida que nos han trazado no funciona para todos y es decisión de cada uno ir armando nuestra vida como mejor nos acomode,  y creo que siendo el mundo tan variado hay muchas posibilidades de hallar quien tenga similitudes con nosotros.     

domingo, 19 de febrero de 2017

La amistad con las ex parejas.

Iba a usar la palabra “suerte”, pero no lo es, se trata en realidad de la consecuencia directa de mi comportamiento con ellas el hecho de que mantenga buena relación con al menos tres de mis ex novias. Eventualmente nos vemos, charlamos, mantenemos el contacto; aunque aclaro, sólo ha sido eso, jamás hemos hablado de volver ni hemos mantenido encuentros sexuales después de nuestro noviazgo. Hemos mantenido la amistad y todo ha ido bien.
Dicen que mantener el contacto con tus ex parejas no es bueno, pero en las cuestiones humanas no podemos generalizar, sería asumir que todos somos iguales y esto es un error. En lo que a mi concierne, no ha habido nada malo en ello, al contrario me parece que el mantener contacto con ellas ha sido bueno por varias razones.
1.- Te conocen más que tus propios amigos. Uno conoce a una persona en el amor o en la guerra. Tus ex te han conocido en el amor (y quizá después en la guerra). El enamoramiento tiene la peculiaridad de “desnudar” a los involucrados, es por eso que conocen tus virtudes y tus defectos, y ya siendo tu ex no tienen reparo en hacerte saber de tus errores. Así que como consejer@s son ideales.
2.- Recordar el pasado. Como dice la canción de Charles Aznavour, Je n’ai rien oublié, “a veces es bueno volver al pasado”. Tus ex parejas formaron parte de tu vida y en ellas hay recuerdos de momentos que fueron buenos, además de que posiblemente te dejaron experiencias y aprendizajes; llevan ellas una parte tuya, por mínima que sea, y volver a verlas es como regresar un poco a esos momentos, es algo que en lo personal disfruto mucho. No es malo recordar o darse pequeños paseos por el pasado, lo malo es estancarse en él.
3.- El orgullo de verl@s superad@s. Me había separado de una novia, un año después nos volvimos a ver y  en ese lapso ella terminó de aprender a manejar y ya se había comprado un auto. En verdad me sentí bien por eso. Otra exnovia le dio un giro a su vida profesional y me encontré con que ya trabajaba por su cuenta y le iba muy bien. Personalmente me he sentido bien por ellas y es una satisfacción ver que han crecido personal y profesionalmente.
4.- La amistad que te comprende. Ya hemos dicho que l@s ex nos conocen muy bien, así que al mantener la amistad será poco lo que tengas que explicar sobre tus problemas porque ya tienen un antecedente tuyo y cuando hablas con ell@s inmediatamente captan. Se crea un lazo amistoso un poco más íntimo, más personal. Son amig@s con los que puedes hablar aquello que con tus otr@s amig@s no puedes.
He visto como hay ex parejas que se odian a muerte, que se pasan la vida fastidiándose unos a otros, sobre todo cuando han estado casados, me parece muy inmaduro y desgastante. ¿Qué necesidad hay de joderse la vida?

Por lo menos en mi caso, mantener la amistad con mis ex parejas ha sido bueno. Tampoco nos frecuentamos tanto, entre una o dos veces por año, pero son encuentros en verdad agradables. Me da gusto verlas, creo que también a ellas les gusta volverme a ver.             

jueves, 31 de diciembre de 2015

La razón para no usar condón.

En días pasados hablaba con una amiga sobre las razones por las que muchos hombres se niegan a usar condón.

Una de las razones más socorridas, casi puedo asegurar que es la única, es porque “se pierde sensibilidad”, “no se siente igual”. Tengo que decir que sensitivamente no es igual, pero sexualmente esto pierde relevancia cuando cuentas con un arsenal de opciones que hacen de la sensibilidad en el pene un aspecto secundario. Si eres capaz de llevar a tu pareja a la cúspide de la excitación con el preámbulo de caricias, bastará con que apenas la roces para que ella explote; y sucede igual con uno, el centro de la excitación no está sólo en el pene, es también una cuestión mental. Puedes alcanzar un nivel de excitación tremendo con sólo ver a tu pareja, con sólo acariciarla, con disfrutarla, y para llegar a la eyaculación bastará igualmente un simple roce. Entonces, la sensibilidad en el pene es algo secundario.

Pienso que el argumento de que no se siente igual es usado por quien cree que su pene es el centro de su sexualidad; es la excusa de quien piensa que una relación sexual es sólo penetrar a un ritmo vertiginoso y desde ahí alcanzar el clímax sin hacer nada más. Eso es de novatos.

Hay dos grandes razones para sí usarlo. Una es la prevención de enfermedades. La otra, más relevante porque es la que más daño ha provocado a la humanidad, son los embarazos no deseados. A mis 37 años conozco una gran cantidad de madres solteras y he visto mayor cantidad de hij@s abandonados a su suerte.  La mayoría de los que hemos llegado a este mundo ha sido por “accidente”, la mayoría lo hemos hecho cuando nuestros padres no tenían ni veinte años. Así que no jodan más a la sociedad y déjense de tontería, su pene no es el centro de su sexualidad.

Sin embargo, ante la negativa de usar condón esta la sugerencia (o exigencia) de que sea la mujer quien use otro tipo método anticonceptivo como las pastillas o los famosos parches. A muchas mujeres esto les genera repercusiones en su salud, los hombres estamos en ventaja ante esto porque no existe tal cosa para nosotros.
Así que, mujeres -sobre todo para las adolescentes- no caigan en el chantaje de que “no se siente igual” y no arriesguen su futuro ni su salud. Conozco muchos, muchos hombres que abandonan a sus novias cuando estas tienen hijos, son pocos los que realmente se quedan.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Creer o no creer en el Amor

Todos podemos hablar del amor, nos sentimos con el conocimiento y la experiencia para eso. Y siendo un sentimiento del dominio público abundan las opiniones. Ésta será la mía, desde mi condición de soltero -empedernido, dicen algunos- a mis 36 años, en una posición en la que uno tiene mucho tiempo para observar y pensar las cosas.

Soy un idealista  y creo que existe el Amor en oposición a muchos contemporáneos que quedaron decepcionados en su juventud y aseguran que eso es cosa sólo de adolescentes. Me decía una ex novia de 40 años: "yo ya no me enamoro". Y es cierto, muchos han dejado de pensar en una posible pareja, otros sólo buscan la compañía pragmática para evitar la soledad. Algun@s, como yo, creemos que es posible volver a experimentar todo el cumulo de emociones que implica el enamoramiento.  

Yo estoy soltero y vivo solo en un departamento. Me la paso bien, bailo tango, juego video juegos, bebo cerveza, a veces salgo con amigas, leo y escribo. Me la paso bien. Sin embargo, tengo la convicción de que existe una persona con similitudes y con quien podría empatar. Mi arrogancia y lo que tenga de egocentrismo no son tales para que me considere un ser superior y exclusivo. Soy único en cuanto a que tengo mis propios pensamientos, mi genética, mi combinación de vicios y virtudes. Pero no en el sentido de sentirme una gota de aceite en un mar de agua. Entonces, alguna mujer en algún lado compartirá intereses parecidos a los míos, con sus propias combinaciones y características únicas. La hay, porque el mundo es infinito como para pensar que no hay en él al menos una persona que comparta algo de lo que somos nosotros. Tan sólo en México hay 120 millones de personas, la mitad de las cuales son mujeres, de esas al menos habrá 10 millones dentro de mi rango de edad, quizá un millón estén en una situación civil accesible. ¡Un millón de mujeres! Aun si fueran mil o 100, son muchas posibilidades. Es un poco arrogante creer que "no hay nadie para mí". Ahora, en caso  que hablemos otro idioma las posibilidades incrementan considerablemente.
 
 

Así, vemos que tiene que ver más con nuestra actitud y no con un destino ya predestinado o  un producto de la casualidad. Dicen por ahí que vemos el mundo de la forma en como nosotros somos.

Entonces, creo que hay alguien capaz de despertar en mí el deseo de enamorarme, y aunque no ando por las calles ligando ni buscando mujeres, mi actitud es la misma que frente a muchas cosas de la vida: de apertura. No desisto, no aparto para mí un rincón de mundo, como dice Benedetti en su poema No te salves

Es un poco arrogante creer que el mundo no nos entiende. Pero si el "mundo" no nos conoce es imposible que pueda entendernos. ¿Cómo encontraremos a alguien con quien compartir nuestro tiempo si permanecemos herméticos, si nadie sabe de nosotros ni conoce nuestras virtudes y vicios (que para alguien pueden ser precisamente virtudes)? La negación a la vida es una forma de aislamiento, y si nos negamos a la vida estamos casi "muertos".

Es cierto que al paso de los años podemos haber sufrido decepciones y dolorosas rupturas, pero antes de insuflarnos de arrogancia creyendo que el mundo no tiene nada qué ofrecernos, habría también que reflexionar sobre si nuestra forma de afrontar nuestras relaciones no ha sido en parte la causa de que hayan fallado. No podemos culpar sólo al mundo sin también buscar en nosotros un poco de responsabilidad por lo que nos sucede.   

No niego que también me da miedo a veces, pero sé que el miedo impide vivir y yo quiero vivir. Tenemos sólo esta vida como para recorrerla al margen y equivocarnos es parte de ella; por otro lado, equivocarse no es fracasar, porque sólo podemos concluir que nuestra vida fue un fracaso en el último minuto que nos quede de aliento. Mientras, todo es posible; mientras habrá otras opciones, muchas.


martes, 1 de diciembre de 2015

Marisol, mi novia del barrio.

Marisol fue mi novia quinceañera del barrio. Fue la única novia que tuve que vivía en la misma calle que yo. Quizá sea una asociación facilona por la rima obvia, pero así ha sido y siempre la he asociado con un girasol. Cuando pienso en Marisol pienso en ésta flor.

Marisol era bonita, de piel clara, casi de mi estatura y de cabello muy largo. Era bonita, ya lo dije pero amerita que se repita. Me gustaba besarla porque era bonita (una tercera vez). Nos arrinconabamos detrás de los autos o en un umbral  a besarnos.

Yo por entonces cursaba el primer grado de la preparatoria. Ella el último de la secundaria en el turno vespertino, así que cada noche ella pasaba frente a mi casa en su uniforme, yo la esperaba y cuando la veía salía a su encuentro.

Siempre me quede con las ganas de tocarle los pechos a Marisol, jamás me lo permitió. Apenas sentía mis intenciones me sujetaba la mano. Yo quería hundir mis manos en ellos porque, a través del uniforme, se miraban tan firmes, tan redondos, tan bellos.

A los padres de Marisol no les agradaba que su hija tuviera novio, así que o se hacían los desentendidos o en verdad no lo sospechaban. Un día la reprendieron severamente porque algún chismoso o chismosa les dijo que se había ido conmigo a dar la vuelta en el carro de mi papá. Temían que algún adolescente cachondo la embarazara en su primera vez tal como sucedió.

Marisol comenzó a ser una incomodidad para mí debido al excesivo control de sus padres hacia ella y, consecuentemente, de ella hacia mí. Entonces, un día me vio despidiéndome de beso de Alejándra, mi vecina de al lado, de quien quizá hable después. Marisol, celosa como sus padres, me recriminó una noche y comenzó a llamarme "poco hombre", algo que no venía al caso siendo que ambos teníamos 15 años y que sospecho se trataba más bien de un diálogo aprendido en algún lado. Marisol quiso abofetearme pero alcancé a moverme; lo intentó una segunda vez, que también falló.

Así terminó mi relación con Marisol, la primera y única vez que fue de manera desafortunada.

Un par de años después vi a Marisol embarazada. Al día de hoy tiene dos niños y da la impresión de que su matrimonio no ha ido bien, se le nota en el semblante, en las maneras que ha adoptado. Aún conserva los rasgos de aquella niña bonita sólo que un poco erosionados.

 

sábado, 28 de noviembre de 2015

Nuestras exigencias al buscar pareja.

Cuando vi la película "Amor ciego"(Gwyneth Paltrow, Jack Black y Jason Alexander) me sentí un poco aludido y me quedé pesando en la actitud de los dos solteros en su viaje por buscar mujeres.

Se dice que conforme avanzamos en edad nos volvemos más exigentes para aceptar a alguien como pareja, y esto es cierto, basta hablar con algunas personas para escuchar la infinidad de defectos que suelen encontrar en los pretendientes que van encontrando a su paso; le dejan a uno la impresión de que son personas de gustos exigentes y no se conforman con cualquiera. Entonces me pregunto qué tan cierta es esa exigencia y que tanto puede tratarse de un auto sabotaje que en el fondo ocultaría miedo e inseguridad, algo así como con los personajes de ésta película.

La historia trata de dos solteros bastante "exigentes" en su selección de mujeres, y aún cuando para nosotros puedan parecer guapas y simpáticas ellos siempre deciden rechazarlas por pequeños detalles que sobreestiman como defectos imperdonables. Defectos tan absurdos como la asimetría en los dedos, una nariz muy chata o muy picuda, orejas grandes, etc. Por supuesto esa "exigencia" aplica también para el comportamiento de las chicas. Como en las personas de la vida real, parece que no existe sobre la tierra alguien que cubra sus espectativas, y creo que así solemos comportarnos a veces, como solteros y solteras cotizadas a los que nadie nos llega.

Sin embargo, ¿qué tanto nos podemos estar comportando como estos dos solteros? Ambos personajes están lejos de ser considerados galanes, vamos, no impactan con su personalidad, no son modelos y distan mucho de serlo, algo que evidentemente contrasta con sus exigencias. Básicamente volvemos al ideal del príncipe y la princesa, a la aspiración por la pareja perfecta, incólume. Esperamos algo que no existe, al menos en el aspecto absoluto bajo el que l@s vamos calificando.  Como ya no estamos en edad de creer en príncipes y princesas, creo que esto es algo sobre lo que deberíamos reflexionar. De hecho hay un video en youtube que refleja esta forma de comportamiento, aparentemente deseamos encontrar alguien con quien compartir nuestra vida, sin embargo, cuando tenemos la oportunidad de comenzar algo, saltan nuestras criticas hacia esa persona. 



La experiencia nos vuelve más prudentes, pero también puede volvernos miedosos sin que nosotros nos percatemos de ello. Asumimos actitudes ante la vida que nos impiden disfrutarla como cuando eramos adolescentes: nos da miedo equivocarnos, sentir dolor, sufrir. Quizá mucho de esas "exigencias" tenga que ver con ésto. Es cosa de pensarlo.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Relacionarse con una madre soltera. Cuatro puntos a considerar.

Si se van a relacionar con una madre soltera o divorciada les sugiero tener en mente estos cuatro puntos.

1.- E
s mamá. Para toda mujer con hijos ellos son y serán siempre su prioridad. Muchas mujeres se sacrifican a ellas mismas por sus hijos, así que es importante tener en cuenta que su vida gira entorno a ellos, por lo que tendrás que lidiar con cancelaciones de citas, interrupciones, poca privacidad y básicamente con el horario que impongan sus hijos. 

2.- El cansancio. Ser madre soltera es agotador, así que cuando tienen un tiempo libre sin sus hijos no es extraño que sólo quieran descansar y no deseen salir. No siempre la ausencia de sus hijos implicará un fin de semana de reventón o de sexo salvaje. 

3.- El ex. El ex marido o el ex novio, osea el padre de sus hijos, es una presencia que jamás va a desaparecer. Si eres una persona madura y no eres celoso paranoide es algo con lo que se puede lidiar, sin embargo, existe el riesgo –casi como una norma- de que el ex se comporte como un verdadero niño cuando se entera de que su ex mujer tiene una nueva pareja. El ex puede volverse un fastidio por sus desplantes de inmadurez y celos absurdos. Ahora que si eres un celoso paranoide mejor piénsalo, porque jamás dejará de tener contacto con su ex y tu paranoia te hará pensar muchas cosas estúpidas.

4.- Los niños. Si tienes problemas de tolerancia con los niños mejor ni te metas en ese terreno. Muchos niños de padres separados presentan conductas extrañas derivadas del efecto que les provoca la separación de sus padres, así que suelen ser caprichosos, mimados, llorones o agresivos. No todos, aclaro, pero suelen serlo. Entonces te enfrentas con unos niños afectados y puede ser muy muy estresante. Si eres paciente y te agrada convivir con niños puedes ser de ayuda. Si no eres de este tipo, mejor piénsalo.

Encontrar pareja después de los 30's

Parece que después de cierta edad encontrar pareja se vuelve una tarea complicada. En lo personal así lo siento a veces. Recuerdo que en años pasados era mucho más fácil relacionarme con las personas, había mayor cantidad de mujeres a quienes hablarle y las convivencias eran más sencillas. Creo que pasados los 30’ las cosas se ponen más complicadas. He aquí lo que considero son las 6 razones principales.

1.      La mayoría ya están casad@s. Si has pasados los 30’s sin haberte casado te encontraras con el hecho de que muchas de las personas que vas conociendo en tu camino están ya casadas o comprometid@s. La mayoría comienza a casarse en los 20’s, por lo que la cantidad de solteros y solteras se reduce en los 30’s, entonces no te queda más que considerar la posibilidad de relacionarte con alguien menor edad; quizá para los hombres este no sea un problema, pero creo que para las mujeres sí puede llegar a serlo.

2.      Solter@s con hijos. Desafortunadamente, muchos de los que se casaron antes de los 30’s acaban divorciándose o separándose dejando una gran cantidad de mujeres solteras con hijos. Aunque también hay papás solteros la realidad es que existe una notable mayoría de madres solteras (algo que deja muy mal parados a los de mi género). Esto implica que el noviazgo con solteros y solteras de este tipo conlleva lidiar con los hijos, algo que debe pensarse muy bien si lo que uno busca es una relación más libre: los hijos son en extremo demandantes y la mayor parte del tiempo tendrán la atención de tu pareja. Muchos simplemente decidimos alejarnos cuando nos enteramos de que quien nos gusta tiene hijos.


3.      Exceso de actividades. Llegando a los 30´s es muy probable que ya te encuentres metido de lleno a la parte de la población económicamente activa, y muchos pasamos gran parte de nuestro día dedicados al trabajo por lo que vamos dejando de lado nuestra vida personal, algo que no me parece del todo correcto pero que desafortunadamente nos atrapa y no solemos darnos cuenta sino mucho tiempo después. Vivimos tan abocados a nuestras actividades que no nos queda tiempo para trabajar en una relación. Tener pareja implica tiempo para conocerse, para salir, para convivir, y si no estamos en la disposición de hacernos esos espacios relacionarnos con alguien se vuelve casi imposible.



4.      Cicatrices que no cierran. Como he dicho en el punto 2, muchos de los que se casaron acabaron separados; esas rupturas dejan heridas que a veces no han sanado o tardan en hacerlo y esto nos da como consecuencia una cierta cantidad de hombres y mujeres temerosas de “abrirse” a una nueva experiencia. Muchos optan por evitarlas como una forma de protegerse ante un nuevo y doloroso fracaso. Así que aunque estén solteros y no tengan hijos, nos encontramos con que simplemente no quieren saber nada de aventuras amorosas.




1.      ¿Somos más exigentes? Esto no me convence mucho y siento que tiene más que ver con una forma de auto sabotaje derivado del punto 4. En efecto nos hacemos más selectivos al buscar con quien relacionarnos, y esto porque la experiencia nos ha enseñado que hay más cosas a considerar que el simple amor. Sabemos que de amor no se vive, no se come y no es suficiente para una buena relación. Sabemos que vivir con alguien implica muchas otras cosas a considerar al momento de pretender enfrascarnos en una relación con alguien. Sin embargo, esto no me convence del todo porque está el riesgo de volvernos herméticos, pragmáticos y más idealistas que un adolescente: buscamos a una persona “perfecta”, sin vicios, sin “malos” hábitos, sin complejos, sin miedos, sin hijos, sin defectos, etc. Habría que reflexionar qué parte de nuestra exigencia es consciente y qué parte es una consecuencia inconsciente de nuestras malas experiencias. 

sábado, 14 de noviembre de 2015

¿Por qué casarse?

¿Es el matrimonio un estado al que todo ser humano debe aspirar? ¿Es el camino idóneo, la aspiración máxima o sólo una tradición que se sigue en la mayoría de las veces sin razonamiento de
por medio?

En lo que a mí respecta hay mucho de esto último. Creo que muchas personas ven al matrimonio como una estación por la que forzosamente habrán de pasar algún día sin cuestionarse si esa visión es por tradición o realmente forma parte de un deseo consciente. Y así, casi sin dudarlo, puedo asegurar que muchos se han casado porque es la línea de vida acostumbrada, sin contar a aquellos que lo asumen como un mandamiento religioso.

Mucha gente, muchos matrimonios, viven presos por esa idea social de casarse y por lo tanto viven frustrados en una relación que muy en el fondo no deseaban. ¿Por qué lo digo así? Porque ha sido una triste realidad ver como muchos matrimonios acaban en las peores condiciones, y como muchos otros mantienen el contrato sólo por la incapacidad de ir contra ese Ente que les ha indicado que ese es el fin de la vida, aun cuando para ellos esa vida esté llena de sufrimiento y frustración.

Es un poco fastidioso ver la importancia que le dan a esta unión cuando en la práctica el matrimonio es, en muchos casos, una farsa que se defiende a ultranza; y como solteros lo vemos cada que alguien nos pregunta por qué no nos hemos casado, dándole al matrimonio un carácter de obligatoriedad que, socialmente, no hemos cumplido; el no haberlo hecho nos hace ver raros.

Por otro lado, tengo que decirlo, conozco muchos infieles, tanto hombres como mujeres. Y es entonces cuando me pregunto ¿Por qué se casaron? Bueno, lo hecho, hecho está, pero entonces ¿por qué no se separan si ese contrato ya no funciona? ¿Miedo? ¿Son incapaces de vivir solos o solas? ¿Es que prefieren vivir en una mentira? ¿A caso no hay otra forma de vida? Lo más triste es cuando los hijos son la única razón de que la pareja se sobrelleve.

Y no es que considere que el matrimonio como opción de vida sea lo que falla, porque existen parejas que funcionan realmente bien y cuyo desarrollo y plenitud es evidente. Creo que lo que falla es el individuo o la dupla que llegan al matrimonio porque "es el camino, la ruta del amor". Creo que cuando se asume de esa forma, el matrimonio se convierte en lo opuesto.

Pensemos en dos personas se llevan bien, se aman, se disfrutan mutuamente, les gusta estar juntos porque entre ellos hay una especie de armonía musical placentera y satisfactoria. ¿Qué sigue?
La respuesta casi inmediata es "casarse y formar una familia", aun cuando ni siquiera estén en condiciones para ello. El amor no tiene por qué tener por consecuencia el matrimonio y  los hijos; no es, como se ha hecho creer, la única manifestación máxima de amor y compromiso, y de esto hay evidencia de sobra.

Considerando el mismo ejemplo, de la pareja de novios que se aman, ¿qué sigue? Considero que lo que sigue no es necesariamente el contrato, sino la continuidad del crecimiento de la pareja por medio del crecimiento de los integrantes, la realización individual que fortalece la relación. En el trajín, en la evolución de ambos, llega el momento en que deciden emprender la vida juntos, ser independientes ellos mismos para serlo como pareja.  Experimentan la felicidad en el crecimiento del otro. En una relación así el contrato jamás llega a ser un fin, menos la expresión máxima de amor, ya que ésta va manifiesta en el apoyo mutuo, en el deseo de libertad y crecimiento de nuestra pareja, y es una manifestación constante, de todos los días y no sólo de un simple acto. En esta forma de relación el matrimonio se convierte en una pieza más y no en un fin.

Por eso a veces cuando sé que una pareja joven ha decidido casarse, y me refiero a menores de 25 años  pienso que no hay por qué tener tanta premura; siento que al paso de los años un gran porcentaje acabará en la misma situación que muchas otras parejas, más aún cuando son evidentes las manifestaciones de celos, de opresión, de falta de individualidad y de intereses que vayan más allá del matrimonio.


No sé a qué edad sea correcto vivir con alguien, pero creo que a menor edad hay más probabilidades de que nos veamos influenciados por el medio y que un matrimonio fracase. Además, algo he visto: aún los novios más enamorados, tras casarse pueden hacer del matrimonio un verdadero infierno.

lunes, 9 de noviembre de 2015

La nostalgia por mi ex

El otro día hablaba con mi amigo J... y le confesé una idea recurrente sobre mi ex, con la que viví dos años, que no me abandona: "A veces quisiera verla y pedirle que regrese conmigo". Como si nada hubiera pasado, como si estos años no los hubiera vivido.


A veces me da por pensar que no habrá otra relación que supere lo que viví con ella, y esta idea se ve reforzada porque a lo largo de estos cinco años, desde nuestra separación, no he logrado una relación tan completa como la tuve con ella. Han sido malas relaciones, pasajeras, relaciones espontaneas que han durado lo que hemos tardado en conocernos. Nada que se comparé, nada que haya alcanzado el nivel de relación que teníamos. Y tengo esa sospecha de que quizá no vuelva a suceder, aunque a decir verdad reconozco que esta sensación puede estar más ligada a que no la he dejado ir, a que la mantengo como una herida abierta a la que vuelvo constantemente sin permitir que cicatrice.

También tengo la absurda idea de que alguien me ayudará a hacerlo y que ese alguien será con quien vuelva a tener una relación tan estrecha. Vivo con la esperanza de que una mujer me hará olvidarla, que hará renacer esa pasión perdida, olvidada. Creo que es un error, aunque no lo sé de cierto.

Hay una pieza en todo esto que no alcanzo a dilucidar; no alcanzo a comprender del todo mi situación y no he encontrado el camino ni la forma de hacerlo. Siento que de alguna manera voy herido sin ser consciente de ello, y que ese dolor aún latente es el que me impide aventurarme a conocer a otras personas. Será que no la he perdonado, será que no me he perdonado. No lo sé.

En verdad a veces quisiera llamarle y pedirle que vuelva. Me da por pensar que todo este tiempo ha sido un desperdicio, y es que a la distancia los errores se ven diferentes, se ven como verdaderas estupideces. Sin embargo, no sé qué parte de mi deseo es por mi incapacidad de aceptar que todo ha terminado, y cuál es la concerniente a la realidad.

A veces me siento realmente jodido. 

domingo, 18 de octubre de 2015

Mi apatía por enamorarme.

Por qué me da tanta gueva, en serio, es gueva: esa renuencia de estallar en actos heroicos, en atravesar ciudades, mares, … ya ni motivación siento por atravesar el tráfico cotidiano. 
Antes me desvivía, era audaz, decidido, emotivo… ahora sólo tengo gueva. Quiero irme a mi casa, preparar algo, cenar, ver una película y descansar. Antes me desvelaba por una mujer, ahora me desvelo sin sentido.



Tan rodeado de mujeres bellas y yo con esta gueva que no comprendo.
No es que no me interesen, porque me gustan, quisiera estar con ellas, las admiro, pero tengo gueva.
Gueva de sacrificio, gueva de enamorar, gueva de ser audaz, espontáneo y todas esas cosas que he tenido que hacer siempre… estoy un poco fastidiado de ser ese hombre galante, caballeroso, gracioso, educado, respetuoso, poeta, comprensivo, y además de economía holgada para pagar todo y que aún así, a veces, ni un poco de consideración obtengas, cómo si por el hecho de ser hombre implicara ya una deuda con todas las mujeres.

A veces quisiera volver a perder la cordura, escribir poemas de amor, cartas, sentir esos nervios previos a la cita, desvivirme por alguien. Pero de eso ya sólo me queda una flojera que a veces pienso es la razón por la que huyo cuando veo que tengo que volver a ser un príncipe y atravesar el río infestado de cocodrilos, la cordillera tenebrosa, pelear con el dragón y, ya cansado, subir hasta la torre por un Thank you Mario but our princess is in another castle. ¿Por qué no baja ella y nos vemos en un lugar intermedio donde no haya tanto desmadre? ¿Es mucho pedir?

Ya no pienso atravesar ni una simple avenida congestionada de autos sin al menos saber que del otro lado hay alguien que me está esperando, porque no quiero ningún favor, no quiero ser ya un Mario Bros buscando a una princesa y hacer todo el trabajo para que a cada gran esfuerzo realizado me digan “Thank you Mario but out princess is in another castle”  La mujer que yo quiero me gustaría encontrarla a mitad del camino, una mujer que del otro lado también esté librando una batalla por hallarme.   

A veces encuentro a una mujer que me agrada y le hablo, la invito y… desisto. Se me van las ganas, vaya, ya ni para sexo casual quiero esforzarme. Y es que a pesar de todo, a pesar de esos movimientos emancipadores femeninos, el cortejo ha sido una tarea a la que parece que no piensan entrarle. Claro, recorrer ese camino tortuoso, de tácticas y estrategias requiere valor, tenacidad y una tolerancia al rechazo después de todo el esfuerzo que has hecho. A eso pocas, muy pocas, muuuuuy pocas le entran.



Ya no quiero más eso, estoy hasta la madre¡. Y quizá muchos compartan mi postura. Porque en verdad, ahora, en este momento, se necesitaría mucho, mucho, para que invitara a una mujer a un lugar caro, para que le llevara serenata, para que planeara una de esas sorpresas que hacíamos de adolescentes. En verdad que quisiera una llamada, una sóla pinche llamada; un pequeño asomo de interés, de esfuerzo, de riesgo por su parte. Porque la que es princesa quiere ser reina y entonces jamás cambian. Y yo no quiero eso. No quiero una reina viviendo conmigo. Quiero una mujer que no de penda de mí, porque yo tropiezo regularmente y en vez de traerla al piso conmigo me gustaría que pudiera ayudarme a levantarme. Quisiera una mujer que pueda hablarme de algo que yo no sepa, apasionada de lo que hace, de lo que dice, de lo que piensa. Una mujer que pueda recomendarme un vino y no tener que cargar hasta con esa responsabilidad. Una mujer que conozca su sexualidad, así no tendría que hacer yo todo el trabajo: el de ella y el mío.

Antes me gustaba jugar Mario Bross, pero tras muchos esfuerzos me di cuenta no llegabas a nada.  Desisto de eso. Así vivo bien, en mi departamento de soltero, saliendo con amigas a las que no tengo que estarles endulzando el oído o insistir hasta la humillación. Disfruto mi soltería. Pero a veces me siento motivado por una mujer, entonces me acerco y actúo, pero ya no me desvivo. Creo que ahora me quiero más de lo que me quería antes. Sé que las princesas no valen la pena, y ya estoy grande para pensar en ser un príncipe.