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domingo, 14 de enero de 2018

El Tango.

Siempre he pensado que después de hacer el amor, lo segundo mejor que puedes hacer con una mujer es bailar tango.

El tango es sin lugar a dudas uno de los bailes más sensuales que existen; es un baile donde el emparejamiento físico es la base del baile y es primordial para la comunicación. Cuando bailas tango entras en contacto con la otra persona como en ningún otro baile. Son dos cuerpos unidos moviéndose al ritmo de la música que, por si fuera poco, se trata en buena parte de melodías cargadas de sensualidad.
Bailar tango no es hacer alarde de innumerables pasos sin ton ni son; bailar tango es más parecido a hacer una interpretación, es hacer de la música un mar en movimiento y mecerse al ritmo de sus olas.
El Tango es pasión, es sensualidad, es arte. Cuando no te es posible hacer el amor con una mujer, te queda el consuelo de poder bailar un tango con ella.
Hace casi cinco años que ingresé a tomar clases de Tango, precisamente hoy lo recordaba con una compañera que comenzó en el mismo periodo que yo; formamos parte del mismo grupo de principiantes y somos los únicos que permanecemos hasta ahora. Cinco años!!! Supongo que a estas alturas debo ser un buen bailarín, aunque no un experto.

Hoy mientras bailábamos en clase, principalmente canciones lentas que se prestaban a un derroche de pasión, me vino a la mente un pensamiento, ¿Se podría hacer el amor al ritmo de una melodía? ¿No sería factible también que hubiera maestros que nos enseñaran el arte de “hacer el amor”? Porque al igual que el Tango hacer el amor debería ser un arte; no por nada Ovidio escribiría su célebre libro El arte de amar y, muchos años después, Erich Fromm haría lo mismo en un libro del mismo nombre en el que considera que el acto de amar debería ejercitarse y aprenderse como se hace con cualquier otra actividad artística.
Creo que sería bueno contar con una guía, alguien que nos enseñara a acariciarnos, a emparejarnos, a comunicarnos, a cogernos, amén de sugerirnos posiciones y las formas en como fluir a través de ellas. Y por si fuera poco, todo esto con música de fondo.

Nuestro profesor hace mucho énfasis en la escenificación y en el acoplamiento de nuestro baile con la música. No es la cantidad de pasos ni su ostentosidad, tampoco la velocidad con la que se ejecutan; la grandeza de una buena interpretación está en la pasión y  en la comunión con la música. La pasión se contagia a los espectadores y es del conocimiento de todos que las cosas que se hacen con pasión son las que mejor se realizan. Igual debería ser cuando se hace el amor.

lunes, 4 de diciembre de 2017

La sandía y el cunnilingus

Me gustan los frutos jugosos como la mayoría de los cítricos. En especial me gustan las naranjas, las mandarinas y las limas. Sin embargo, ese gusto tiene mucho que ver con una peculiaridad en la manera que prefiero comerlos: en gajos.
Sí, prefiero retirarles la cascara e ir comiendo gajo por gajo; morder de forma individual  cada lóbulo tibio y que con la presión de mi boca éste reviente desprendiendo todo su jugo.
Sucede lo mismo con la sandía o el melón. Éstos frutos tienen una característica similar a los gajos de los cítricos que mencioné; la diferencia radica en que son, digamos, carnosos. Pero al morder su carne irremediablemente discurren en jugo, un jugo que no deja recoveco de tu boca sin inundar.


¿No sucede algo similar cuando practicas cunnilingus a una mujer?
Quienes gustamos de esa práctica sabemos que puede ser similar a comer una sandía sin recato, sosteniendo de la cascara una generosa rebanada con ambas manos, en un gesto casi equiparable a cuando rodeas los muslos para atraer hacia ti el monte de Venus. Así haces con la sandía, la atraes hacia ti, comes y deglutes y es imposible salir bien librado: el jugo rojo empapa alrededor de tus labios, la punta de la nariz –casi es posible respirar el líquido-, y se escurre por tu mentón, te llega a las mejillas y así tienes medio rostro empapado.
Algo similar sucede cuando sitúas tu rostro en medio de las piernas de una mujer e intentas devorarla.
Vas hacia ese cuerpo a degustar sin recato -como debería ser el sexo-, a empaparte, lo sabes; pero en el caso de la mujer se trata de un fruto perenne y por más esfuerzo que hagas permanece ahí: infructuosa labor por ingerirlo, por exprimirlo todo.  Puedes estar ahí un buen tiempo, como comiendo una sandía o un melón tras otro.  Y terminas con la boca endulzada, desconcertado y satisfecho.  
Desde esa postura puedes ver los dos senos reposando a lo lejos, como cuando vas en territorio llano y a lo lejos divisas los montículos a los que esperas ascender. Montículos que tiemblan en cada espasmo, como hechos de arena fina que se deforman al tacto pero que siempre vuelven a su estado original.
Cuando terminas una sandía –comida sin recato, lo hemos dicho- te enjuagas medio rostro, o de menos tratas de limpiarlo con un paño. Debe ser pronto, el jugo tiene la peculiaridad de secarse rápido.
Cuando crees que has hecho suficiente con una mujer, te comportas como un niño al que no le importan las apariencias: dejas que los fluidos sequen –y secan pronto-, y sigues, quizá a los montículos donde humedecerás un poco, donde terminará por secarse todo ese líquido que llevabas en medio rostro. Es lo bueno del sexo, pocas veces sabes lo que sigue: como un baile en el que el ritmo y la pasión son las que dan paso a los movimientos, no al revés.


Hay quienes comen sandía sin ensuciarse. A veces suelo hacerlo también: la pico en figuras geométricas azarosas y las vierto en un boul; de ahí las voy tomando con un tenedor. Un trabajo limpio.

Afortunadamente con la mujer no es posible hacer eso. Las reglas del buen comensal no aplican. Comes –o intentas hacerlo- directamente, sin cubierto de por medio, sin modales, sin recato. Es la gula infructuosa, insaciable; acabarás con medio rostro humedecido, pero está bien, es signo de que está bien. Comes como un maldito hambriento, te ensucias, te escurre por el mentón; a ella no le importa. Te insta a que sigas, sin modales, sin mantel, sin etiqueta. Y sigues. Da igual. El líquido se seca pronto.

domingo, 25 de junio de 2017

La industria porno en mexico

La industria pornográfica en México era, hasta hace unos años, prácticamente inexistente. Lo que más se acercó al cine pornográfico, aunque muy de lejos, fue el llamado cine de ficheras, que en realidad eran producciones tímidas, intentos baratos de igualar al cine erótico italiano de la década de los setentas.

El cine de ficheras se limitaba a breves escenas de desnudos y cachondeo mezclado con albures, humor mediocre y ningún esfuerzo por lograr algo de calidad. Lamentablemente, esto es lo único que de cine medianamente erótico teníamos en nuestro país. Hace unos dos años si buscabas pornografía mexicana en alguno de los portales que proveen porno en la web no encontrabas nada, quizá uno que otro video amateur de algunos segundos y de pésima calidad. No sucedía lo mismo con el porno de otros países como Alemania, Italia o Francia, de los cuales se puede hallar videos producidos aún en blanco y negro y de muy buena calidad en cuanto a producción se refiere. En resumen, la industria pornográfica en México era casi inexistente salvo algunas esporádicas excepciones, y  tendrá apenas uno o dos años que ha ido tomando presencia.

La primera película pornográfica de la que se tiene registro fue la de  Ángel Rodríguez Vázquez, llamada Las profesoras del amor, de  1987.

De ahí la primera aparición importante del porno mexicano la tenemos a principios de siglo, entre el 2002 y el 2003, con un filme netamente Gay titulado Sexxcuestro, del productor Laars Robledo y dirigida por Summer Gandolf. El filme recibió la postulación a Mejor guión en el festival internacional de cine erótico Gay en Barcelona, España.

Posteriormente la productora Maldoror, dirigida por Marco Antonio Bustos, realizó dos filmes pornográficos de no muy buena calidad, se trató de Fetiches mexicanos 1 y 2. Por esos tiempos quien también ofrecía algunos videos pornográficos era la revista Tu mejor Maestra, una publicación de contactos sexuales, historias eróticas y fotografías, que ya en la era digital comenzó a ofrecer videos como regalo de fin de año; los primeros videos eran producciones amateur enviadas por sus suscriptores, obviamente se trataba de filmes de muy baja calidad tanto en desarrollo como en la calidad del video en sí. Posteriormente introdujeron algunos videos con una producción bastante pobre, pero no dejaban de ser videos amateur.


No obstante lo anterior, el cine porno mexicano se había mantenido bastante mediocre. En la actualidad hay una productora que considero merece prestarle atención, ya que a mi parecer esta realizando videos de buena calidad; se trata de Sexmex (https://sexmex.xxx/tour/), que ya cuenta con varios videos producidos y una buena cantidad de actrices en su página web. La producción es buena, las historias son las típicas de la industria porno sin caer en la vulgaridad que caracterizaba al cine erótico mexicano. Son actores y actrices jóvenes que me parece están metiendo al cine porno mexicano a la par en cuanto a calidad comparada con otros países, aunque aún sin llegar a alcanzar la calidad del cine Italiano o francés.  No podríamos compararlos con una producción de Mario Salieri, por ejemplo, pero tienen la calidad del cine porno comercial y esto me parece que ya es un gran avance si lo comparamos con las porquerías que se hacían en los 70s.


Esperemos que el cine porno mexicano evolucione para bien, por lo menos ya es posible encontrar algo digno en los portales de videos porno internacionales.

domingo, 19 de marzo de 2017

Tamara de Anda: La tenue defensa de una mujer frente a la rabia de algunos hombres.

A mí me pareció desproporcionada la acción que tomó Tamara de Anda contra quien le gritó “Guapa” en la calle. Pensé que eso daba para una reflexión, quizá un debate respecto a lo que es acoso y lo que no lo es  y masticaba en mi mente cómo abordar el tema, pero antes de que pudiera opinar algo todo cambió frente a la reacción que tuvieron muchos hombres sobre lo sucedido; si lo de Tamara de Anda me pareció una “exageración”, ésta fue palideciendo frente a la reacción desmedida, esa sí, de muchos hombres que hasta llegaron a confabularse en las redes sociales para amenazarla de violación y hasta de muerte, entre otras cosas.

Eso sí es de dar miedo.

Se trata de hallar un consenso, de armonizar la relación hombre-mujer en la sociedad para que ambos nos sintamos seguros en ella. Para eso está el diálogo, el intercambio de ideas y opiniones, pero la exageración histriónica de quienes nos llegamos a burlar del suceso cuando apenas salía a la luz, palidece frente a la exageración realista y amenazante con la que reaccionaron muchos hombres.

Ante esto es imposible no ponerse del lado de Tamara de Anda.

Al paso de las horas lo de Tamara ya no me parece una reacción desmedida, ahora mi atención se ha vuelto a la respuesta tan radical de muchos de mis congéneres.

Tamara denunció a quien le gritó en la calle y lo encerraron unas horas como castigo; pero la venganza que planean algunos hombres contra Tamara es criminal, es machista, es misógina, y ahí indudablemente encuentra justificación la, ahora tenue, reacción de Tamara.

No es concebible que Tamara de Anda reciba amenazas de muerte y de violación por una acción legal que ella emprendió y cuyo único resultado fue un encierro de algunas horas. La venganza machista de algunos apunta a la violación y al asesinato. Ante esto, ¿cómo pensar que Tamara exageró?

Ojalá las amenazas no prosperen, ojalá pudiéramos tener un diálogo más humano sobre ideas en las que pudiéramos estar o no de acuerdo, pero cuando hay amenazas tan radicales es imposible no tener respuestas igual de radicales. Hay cosas en las que puedo no estar de acuerdo, pero no por eso voy a matar o violar a quien piensa diferente. 


domingo, 26 de febrero de 2017

Mujeres de 40 y más.

Señora de las cuatro décadas de Ricardo Arjona salió en 1994, cuando él tenía alrededor 30 años y yo tenía 15.
Volví a escuchar la canción hace un par de días, ahora que me encuentro casi en el epílogo de los 30s y mi circulo de amigas incluye necesariamente mujeres de más de cuarenta años.

En los artículos que he llegado a leer sobre el tema regularmente se suele hacer una comparativa entre las de 40 y las de 20 años; me parece entendible como una forma de marcar las diferencias entre las edades y los cambios, pero ya lo han hecho así que evitaré hacerlo y me abocaré sólo a señalar lo que a mi parecer resulta atractivo de una mujer en los 40s. 



1.                 Su calma ante la vida, una calma que pone en evidencia que ya se tiene cierto conocimiento y dominio sobre el terreno, sobre la vida, sobre su vida. Ya no van con prisa, saben que es imposible comerse el mundo de un bocado así que lo consumen en trozos, de a poco pero de forma constante.

2.                 Cuando hablas con una mujer de más de 40 sabes que te escucha con atención; suelen guardar un silencio casi absoluto, apenas con breves inflexiones para hacerte saber que te están escuchando.  A esta edad no necesitan demostrar nada, por eso no interrumpen con cualquier comentario vano, esperan, meditan al hilo, y cuando hablan te das cuenta no sólo te ha escuchado, sino que te ha entendido a la perfección.

3.                 Hacer el amor con una mujer de más de 40 es como comer en buenos restaurantes todo el tiempo. Buena atención, buena mesa, buen ambiente, la porción indicada, buen vino y la garantía de que comerás delicioso.


4.                 Una mujer de más de 40 años es casi por antonomasia una excelente consejera. La experiencia le brinda esa cualidad; quieres apoyo o un buen consejo, nada como una mujer de más de 40 años.

5.                 La dupla Juventud-Experiencia. A los 40 años aún se es joven, se tiene vitalidad, deseos de vivir, de disfrutar y de aprender, pero también se tiene experiencia y eso es algo que cuenta mucho. Ya no se quiere perder tiempo, o mejor dicho, se desea invertir de la mejor manera, así que convivir con una mujer de esa edad es casi garantía de buen gusto, de tiempo de calidad y de buenos momentos.

6.                 El amor. No sólo ellas, también en mi caso he asumido la misma postura: lo que menos quieres son problemas, que te fastidien tu día. Por esta razón suelen poner las cosas en claro desde el principio: quieres una aventura, tendrás una aventura; quieres amistad tendrás amistad; quieres amor,  tendrás amor y lo anterior. Pero con ellas hay que ser claro porque ya no van a perder el tiempo en tonteras. Por esto también han dejado de lado los celos y la actitud posesiva. Su postura es tajante: quieres estar con ellas, quédate; no estás feliz, vete. Una mujer en los 40s no te va a rogar, se valora lo suficiente como para no necesitarte o andar tras de ti.




Al menos este sería el compendio de virtudes que para mí tienen la mayoría de mujeres después de los 40 años, aunque estas ya van haciéndose notar tiempo atrás, en la década de los 30s, por lo que no sólo se circunscribe a ellas, sino a aquellas que ya desde los 30s han alcanzado ese nivel de experiencia y madurez y que se verá reflejada en plenitud a los 40 años.

jueves, 31 de diciembre de 2015

La razón para no usar condón.

En días pasados hablaba con una amiga sobre las razones por las que muchos hombres se niegan a usar condón.

Una de las razones más socorridas, casi puedo asegurar que es la única, es porque “se pierde sensibilidad”, “no se siente igual”. Tengo que decir que sensitivamente no es igual, pero sexualmente esto pierde relevancia cuando cuentas con un arsenal de opciones que hacen de la sensibilidad en el pene un aspecto secundario. Si eres capaz de llevar a tu pareja a la cúspide de la excitación con el preámbulo de caricias, bastará con que apenas la roces para que ella explote; y sucede igual con uno, el centro de la excitación no está sólo en el pene, es también una cuestión mental. Puedes alcanzar un nivel de excitación tremendo con sólo ver a tu pareja, con sólo acariciarla, con disfrutarla, y para llegar a la eyaculación bastará igualmente un simple roce. Entonces, la sensibilidad en el pene es algo secundario.

Pienso que el argumento de que no se siente igual es usado por quien cree que su pene es el centro de su sexualidad; es la excusa de quien piensa que una relación sexual es sólo penetrar a un ritmo vertiginoso y desde ahí alcanzar el clímax sin hacer nada más. Eso es de novatos.

Hay dos grandes razones para sí usarlo. Una es la prevención de enfermedades. La otra, más relevante porque es la que más daño ha provocado a la humanidad, son los embarazos no deseados. A mis 37 años conozco una gran cantidad de madres solteras y he visto mayor cantidad de hij@s abandonados a su suerte.  La mayoría de los que hemos llegado a este mundo ha sido por “accidente”, la mayoría lo hemos hecho cuando nuestros padres no tenían ni veinte años. Así que no jodan más a la sociedad y déjense de tontería, su pene no es el centro de su sexualidad.

Sin embargo, ante la negativa de usar condón esta la sugerencia (o exigencia) de que sea la mujer quien use otro tipo método anticonceptivo como las pastillas o los famosos parches. A muchas mujeres esto les genera repercusiones en su salud, los hombres estamos en ventaja ante esto porque no existe tal cosa para nosotros.
Así que, mujeres -sobre todo para las adolescentes- no caigan en el chantaje de que “no se siente igual” y no arriesguen su futuro ni su salud. Conozco muchos, muchos hombres que abandonan a sus novias cuando estas tienen hijos, son pocos los que realmente se quedan.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Lupe, abuela a los 30 años.

Hace un par de días vi a Lupe, a quien conocí cuando yo tenía 15 años y ella un poco menos. La vi pasar con su nieto, porque su hija se embarazó siendo una adolescente igual que como sucedió con ella. Y es que suelen repetirse los patrones cuando el medio en el que te desenvuelves no cambia. 



Mucho tiempo después de que Lupe se embarazó y dio a luz, uno de mis hermanos me dijo que yo le gustaba a Lupe. Jamás me lo hubiera imaginado y por entonces yo andaba con Marisol, de quien hablare después.

Lupe era y sigue siendo una mujer guapa, pero como sucede con muchas de las niñas en la colonia donde crecí, acabó embarazada y abandonada antes de los 18 años. Así que Lupe se convirtió en abuela soltera a los 30 y tantos. Me resulta extraño, como si viviéramos en mundos distintos por el hecho de que ella ya es abuela mientras yo sigo soltero y sin hijos.  


Suelo pensar en eso, en la tranquilidad de mi vida frente a la de quienes tienen responsabilidades tan grandes como las de lidiar con bebés a los 20 años o con adolescentes a los 30. Supongo que gozo de muchos privilegios de los que Lupe y otros y otras tantas no pueden disfrutar o ya ni siquiera recuerdan. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

Los pechos de Elsa

Hoy son todos tan lejanos.

Pero hubo un tiempo en que tenía acceso a ellos, a mirarlos, a deformarlos con los dedos, a pesarlos con las palmas abiertas.

Podía verlos en todas sus formas; tendidos hacia un lado, uno casi sobre el otro; o reposando a los lados, sin peso, tan suaves, cuando se recostaba boca arriba; o como péndulos cuando andaba desnuda por la casa y marcaban el tiempo entre sístole y diástole; o recién bañados y tibios, aun guardando un poco del calor del agua caliente.

Me eran accesibles y podía recostar mi pensamiento en ellos, la curiosidad inacabada, manifiesta en esa insistencia infantil por tocarlos a cada oportunidad.

Y los contrastes de la piel en relieve con las licras y olanes; la desinteresada manera en que ella los acomodaba dentro de las copas y lo bello que era mirar eso.
Y luego, a liberarlos, a agitar el aire, al ofrecimiento descarado sabedora de mis deseos perennes: el pezón como preludio, como llama ardiente que quema la punta de la lengua.

Y lo mejor -castigo y dicha-, interminable origen de la ansiedad jamás satisfecha. La lengua se enrosca, dibuja caminos locos que se absorben como agua en tierra fértil; de ahí quería consumirte, acabarte, engullirte entera. Pesaban sobre mi ojo, sobre mi mejilla; ponía todo su peso en mis labios insuficientes.


Hace mucho de eso y que nostalgia. Qué necesidad la que a veces me embarga. 

domingo, 18 de octubre de 2015

Mi apatía por enamorarme.

Por qué me da tanta gueva, en serio, es gueva: esa renuencia de estallar en actos heroicos, en atravesar ciudades, mares, … ya ni motivación siento por atravesar el tráfico cotidiano. 
Antes me desvivía, era audaz, decidido, emotivo… ahora sólo tengo gueva. Quiero irme a mi casa, preparar algo, cenar, ver una película y descansar. Antes me desvelaba por una mujer, ahora me desvelo sin sentido.



Tan rodeado de mujeres bellas y yo con esta gueva que no comprendo.
No es que no me interesen, porque me gustan, quisiera estar con ellas, las admiro, pero tengo gueva.
Gueva de sacrificio, gueva de enamorar, gueva de ser audaz, espontáneo y todas esas cosas que he tenido que hacer siempre… estoy un poco fastidiado de ser ese hombre galante, caballeroso, gracioso, educado, respetuoso, poeta, comprensivo, y además de economía holgada para pagar todo y que aún así, a veces, ni un poco de consideración obtengas, cómo si por el hecho de ser hombre implicara ya una deuda con todas las mujeres.

A veces quisiera volver a perder la cordura, escribir poemas de amor, cartas, sentir esos nervios previos a la cita, desvivirme por alguien. Pero de eso ya sólo me queda una flojera que a veces pienso es la razón por la que huyo cuando veo que tengo que volver a ser un príncipe y atravesar el río infestado de cocodrilos, la cordillera tenebrosa, pelear con el dragón y, ya cansado, subir hasta la torre por un Thank you Mario but our princess is in another castle. ¿Por qué no baja ella y nos vemos en un lugar intermedio donde no haya tanto desmadre? ¿Es mucho pedir?

Ya no pienso atravesar ni una simple avenida congestionada de autos sin al menos saber que del otro lado hay alguien que me está esperando, porque no quiero ningún favor, no quiero ser ya un Mario Bros buscando a una princesa y hacer todo el trabajo para que a cada gran esfuerzo realizado me digan “Thank you Mario but out princess is in another castle”  La mujer que yo quiero me gustaría encontrarla a mitad del camino, una mujer que del otro lado también esté librando una batalla por hallarme.   

A veces encuentro a una mujer que me agrada y le hablo, la invito y… desisto. Se me van las ganas, vaya, ya ni para sexo casual quiero esforzarme. Y es que a pesar de todo, a pesar de esos movimientos emancipadores femeninos, el cortejo ha sido una tarea a la que parece que no piensan entrarle. Claro, recorrer ese camino tortuoso, de tácticas y estrategias requiere valor, tenacidad y una tolerancia al rechazo después de todo el esfuerzo que has hecho. A eso pocas, muy pocas, muuuuuy pocas le entran.



Ya no quiero más eso, estoy hasta la madre¡. Y quizá muchos compartan mi postura. Porque en verdad, ahora, en este momento, se necesitaría mucho, mucho, para que invitara a una mujer a un lugar caro, para que le llevara serenata, para que planeara una de esas sorpresas que hacíamos de adolescentes. En verdad que quisiera una llamada, una sóla pinche llamada; un pequeño asomo de interés, de esfuerzo, de riesgo por su parte. Porque la que es princesa quiere ser reina y entonces jamás cambian. Y yo no quiero eso. No quiero una reina viviendo conmigo. Quiero una mujer que no de penda de mí, porque yo tropiezo regularmente y en vez de traerla al piso conmigo me gustaría que pudiera ayudarme a levantarme. Quisiera una mujer que pueda hablarme de algo que yo no sepa, apasionada de lo que hace, de lo que dice, de lo que piensa. Una mujer que pueda recomendarme un vino y no tener que cargar hasta con esa responsabilidad. Una mujer que conozca su sexualidad, así no tendría que hacer yo todo el trabajo: el de ella y el mío.

Antes me gustaba jugar Mario Bross, pero tras muchos esfuerzos me di cuenta no llegabas a nada.  Desisto de eso. Así vivo bien, en mi departamento de soltero, saliendo con amigas a las que no tengo que estarles endulzando el oído o insistir hasta la humillación. Disfruto mi soltería. Pero a veces me siento motivado por una mujer, entonces me acerco y actúo, pero ya no me desvivo. Creo que ahora me quiero más de lo que me quería antes. Sé que las princesas no valen la pena, y ya estoy grande para pensar en ser un príncipe.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Playboy cambia; el pudor social, no.

Playboy nunca fue una revista pornográfica, ni siquiera la consideraría sexual. Se trataba más bien de una revista dirigida a los intereses masculinos con su respectiva carga de mujeres “perfectas” posando desnudas. Fue, y sigue siendo, de las revistas que más abusaron del retoque fotográfico exhibiendo mujeres de piel inmaculada y cuerpos perfectamente delineados.


Creo que la revista ha sido el paradigma de la sexualidad norteamericana: una revista para una sociedad católica que buscaba un poco de rebeldía sexual. Porque librados de ese absurdo temor a la desnudez, Playboy bien podría leerse en cualquier cafetería, porque eso hay que reconocerle, ha sido una revista con buen contenido editorial.

Evidentemente los tiempos cambian y creo que Playboy se enfrentó a la disyuntiva de pasarse al lado de las revistas que exhiben genitales a lo bruto o sostenerse en lo que ha sido su columna vertebral: una revista masculina por tradición no sólo por las mujeres desnudas que aparecen en sus páginas, sino por la línea editorial que siempre han manejado dirigida al lector masculino. Ahora, cuando ver mujeres desnudas está al alcance de cualquiera y que el movimiento feminista ha dado batalla a los estereotipos de la “mujer perfecta”, el uso de cuerpos desnudos excesivamente retocados deja de ser un atractivo principal.

Playboy era una revista que se leía en la intimidad, en la soledad; ahora, ya sin los desnudos, pasará a ser una revista leíble a toda hora, en todo momento y en cualquier lugar. Creo que ha sido una buena decisión. Aunque esto nos muestra cómo a pesar de que el acceso a la sexualidad gráfica es ilimitado, aún la desnudez sigue siendo objeto de tabúes frente a la exhibición descarada y morbosa de las escenas violentas en los diarios y revistas de más circulación. Puedes leer sin problema Proceso, News Week, o cualquier diario que exhiba fotografías de cadáveres o escenas de guerra; pero no puedes sacar una Playboy en un Starbuks porque te tildaran de enfermo. Así la moral moderna.


En mis años en este planeta sólo una vez compré la revista y la tuve que ocultar. Jamás lo volví a hacer ya que implicaba el trabajo de tener que buscarle un escondite. Ahora creo que podré comprarla y leerla sin problema en cualquier cafetería. Playboy se ha visto en la necesidad de cambiar para volverla accesible; por el contrario, en todos estos años la sociedad no ha cambiado su postura ante la desnudez. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Deseo sexual en l@s solter@s


¿Cómo lidias con las necesidades? Porque hay sensaciones que florecen desde dentro que podría decirse que son propias de tu humanidad como la risa, la actividad física, el esparcimiento, la independencia; y me refiero, en este caso, a una necesidad de contacto que de pronto sobreviene y se instala punzante, impersuasible.

Los de vida asceta dirán que no necesitas del sexo para vivir. Tampoco necesitas la risa, del aroma del mar, ni del esparcimiento; y entonces te reducen a un simple organismo biológico que sólo requiere alimento, agua y un poco de sol.

Qué complicado resulta a veces satisfacer nuestra sexualidad cuando somos solter@s. Está la masturbación pero no es lo mismo, no es igual. Y es que yo hablo del contacto, de la buena cogida, de esa sexualidad que implica mucho más que la interacción de nuestros aparatos reproductores. Me refiero al arte de la cogida que sólo se obtiene con la práctica, que no es sólo meter y sacar. Porque  meter y sacar es casi equiparable a la chaqueta* (y a veces una chaqueta puede ser mejor).

Ojala entre solter@s pudiera haber más entendimiento, una especie de complicidad  para no verse privados de algunas necesidades. ¿Por qué es tan difícil tener sexo? Ojala fuera tan fácil como salir a tomar un café, como cuando invitas a una amiga -o un amigo- a comer, al teatro, al cine. ¿Por qué nos inhibe aún el sexo?

En muchas culturas, y la mexicana no es la excepción, el sexo esta intrínsecamente ligado a la culpa; siempre vigilado férreamente por la moral en turno y cuando sales de los parámetros permitidos hallarás jueces en todos lados. El sexo, desafortunadamente,  no ha quedado desligado del concepto de la suciedad mental. Por eso la relación sexual no entra dentro de las convivencias habituales entre amig@s, es más, aún entre parejas suele ser un tema complicado y motivo de desavenencias e insatisfacciones. ¿Qué será más terrible, la frustración sexual en la soltería o en el matrimonio?

A veces veo a mujeres solteras que expresan de una u otra forma su necesidad y deseo de disfrutar de la sexualidad. Sin embargo, estas en completa libertad de invitarlas al cine, a disfrutar de un café, pero jamás les propones un encuentro erótico, no a todas, digamos que no es algo habitual. Pero este ideal de relajación sexual es utópico, la idealización de un soltero calenturiento que ha pasado ya bastantes días sin disfrutar de la feminidad de una mujer y que en su ansiedad desearía que no fuera tan complicado pasar un buen momento en compañía de alguien de confianza.

En mi mente anhelante desearía contar con la complicidad de una soltera -aunque podría ser una casada, sólo que las esposas suelen tener un horario muy complicado-, en una forma de mantener satisfechas los deseos y necesidades mutuas.


¿Y por qué no conseguirse una pareja y ahorrarse esa palabrería desesperada?

Sería lo ideal, pero tampoco vas a fingir estar enamorado para tener sexo. Y en cuanto a una pareja estable, de sentimientos románticos y nobles compartidos, pues habría que encontrarla y eso, por lo regular, toma su tiempo y su proceso. Y en ese proceso, surgen estas necesidades. Y quien sabe, quizá en ese intercambio sexual surja algo, de la misma forma en que surge de los paseos por el parque, las charlas con el café, las convivencias.

Cada quien, en su desesperación -¿o seré el único que llega experimentarla?- hallará las formas de saciarla, porque en ningún momento he pensado convertirme en un asceta. Solo pienso que podría ser menos complicado y, a veces, menos riesgoso.

Parece un llamado a la promiscuidad, a un desenfreno sexual. Pero no es ese el extremo al que quisiera llegar, porque además es cierto que cuando tienes relaciones tu anhelo disminuye por un tiempo. Y en suma, sólo es una reflexión sobre la forma en que quizá podríamos cubrir unas necesidades y no la forma como podríamos llegar a una vida frívola y promiscua, al final, supongo que aspiramos a algo más elevado, no sólo física sino también emocionalmente.  


*El término Chaqueta se utiliza en México para llamar coloquialmente a la masturbación. Así, uno puede decir me estoy hacienda una chaqueta, o deja de chaqueteartela.


Fotos tomadas de los siguientes enlaces


viernes, 21 de agosto de 2015

El porqué de no querer hij@s.

No sólo llega a ser decisión de los solteros, también de muchas parejas que determinan posponerlo o, simplemente, no traer hij@s al mundo. En la red podemos encontrar artículos de opinión sobre las razones de “por qué no tener hijos”, así esta entrada abona al tema en una forma de validar muchas de esas razones que no son dadas al azar, sino que, por lo menos a mí, me han hecho ver que somos muchos quienes las compartimos. Se podría legar a pensar en que es ya un tema trillado, pero no, más cuando el no tener hij@s sigue siendo visto en muchos lugares como una afrenta social. Aún te miran como un “raro” cuando expones tu decisión; estando solter@ puede ser más tolerable, pero para quienes viven en pareja sin hij@s el extrañamiento es mayor. Así, estas son mis razones por las que considero que traer niñ@s al mundo no debe ser visoto como una simple cuestión de tradición, sino una responsabilidad que pocos, muy pocos asumen.

Comencemos por la cuestión de La responsabilidad. Un hijo implica una responsabilidad que va más, mucho más allá de la simple manutención; no son mascotas, y hasta a una mascota se requiere darle atención, amor y educación. Y aquí habría que separar la instrucción que se brinda en los colegios con la educación que debe darse en casa, algo que muchos padres no hacen ni logran diferenciar.

Les hablaré de un caso típico, muy común.  Unos amigos deciden ser padres, se embarazan y traen a una niña al mundo. Por cuestiones de inmadurez –aun cuando ellos tenían más de 30 años- discuten y se divorcian. La niña acaba viviendo de tiempo completo con la abuela materna, pocas veces convive con sus padres, ahora por separado en un tiempo repartido los fines de semana. Esta historia es muy común. Decidieron tener una niña para que la abuela la  cuidara. Ellos, inmaduros, no pueden salir de sus egoísmos y pelean por cada detalle estúpido. Eso es irresponsabilidad y no hay justificación para ella. Los niños no son mascotas que puedes dar en adopción cuando te estorban, aun cuando los “adoptantes” sean los abuelos.



Lo anterior no significa que por mantener la unidad familiar deban los hijos vivir las constantes peleas de sus padres, lo cual plantea un verdadero dilema lo que abona aún más a la difícil decisión de traer niños al mundo o no. Nadie sabe lo que sucederá en el futuro, pero tener un hijo no es como decidir sacar una casa en pagos; la casa puedes devolverla, esconderte –como muchos hombres hacen- y no pagar más, dejarla abandonada y ya. Un hijo, no. No debe ser una decisión tomada a la ligera, en ello va la vida de un ser humano.

El mundo apesta. Es algo que llegué a pensar que sólo yo consideraba. La visión pesimista que tengo del planeta, más concretamente de mi país, México, es una razón para no considerar correcto traer a un ser al mundo. La sociedad ha evolucionado, eso es innegable, pero hay cosas en las que ha retrocedido. Hablaré de México, de su situación y el contexto en el que estamos. México es un país gobernado por una mafia política que en los últimos años se confunde con la mafia del narcotráfico. Policías, gobernadores, senadores, jueces, militares y criminales están  mezclados de una forma cínica. México no es Afghanistan, ni Palestina, ni Serbia. Es un país sin un conflicto abierto y que se reduce a estallidos sociales que han tomado cierta envergadura. Así, en mi país se puede llevar una vida “normal”, puedes trabajar, estudiar, superarte, crecer,… y mientras el crimen no toque tu vida todo esta bien, de lo contrario, te verás inmerso en esa horda corrupta que inunda el gobierno en todos los sectores, desde el policía hasta el juez y el mismo presidente. Claro, México no es el mundo, pero es mi mundo, el mundo en el que me desarrollo y vivo. Pensar que mi hijo vivirá en Bélgica, en Canadá, o en otro mejor lugar, es una utopía, además sería un hijo lejos de mí, en algo muy similar a dejarlo abandonado con sus abuelos. Es mi visión pesimista del país, y siento que no  es el mejor lugar para que un hijo o una hija mía transcurran su vida.


La libertad. Para muchos esta es la parte en donde recurren a llamarnos “egoistas”, porque pensamos en nosotros más que en ese hipotético hijo o hija, pero eso ya lo traté en la entrada “El egoísmo de l@s solter@s”.

Algun@s solter@s, y también algunas parejas, hemos decidido dedicar nuestra vida a nosotros mismos; decidimos disfrutar de esa libertad que nos permite el no tener quién dependa de nosotros. Si eres un irresponsable tener hij@s o no tenerlos te vendrá igual, pero eso es una canallada.

Me gusta mi vida, me gusta estar centrado en mí, en mis gustos, en mis actividades, en mis placeres. Tener hij@s te consume la vida, porque así lo requiere. Hay quienes lo disfrutan, quienes viven feliz con eso y es magnífico, esos son los buenos padres, los que disfrutan a sus hij@s y están con ellos. Pero, en un acto de honestidad que todos deberíamos tener, la paternidad no es algo que me motive, al menos no en este momento.



Existe una gran cantidad de mujeres que viven como madres solteras, por consiguiente existe esa misma cantidad de hombres que no están con sus hij@s, y en lo que a mí respecta, en los casos que he conocido, muchos de ellos no tienen la mínima intención de ocuparse de ellos. Huyen, evaden su responsabilidad. Socialmente eso no se ve mal, pues es casi una regla hallar hombres irresponsables. A eso agreguemos la falta de educación de much@s niñ@s, -en México tenemos el primer lugar en Bullyng, lo que da una idea de lo fallida que esta la educación de l@s hij@s-. 

Desde mi estado actual, desde mi soltería, sin hij@s, sin haber dejado a una mujer en la soledad de educar a un@, veo que existe mucha irresponsabilidad en la decisión de ser padres, cuando es una decisión, porque aún en éste siglo, con tantos anticon


ceptivos, hay quienes son tan estúpidos como para embarazarse en la primera cogida. Yo tengo 36 años, viví con una mujer durante dos años y he cogido muchas veces; no tengo hij@s, así que no existe el embarazo por accidente, existe el embarazo por falta de educación y por estupidez.

sábado, 15 de agosto de 2015

Sexo entre amigos

Es casi una fantasía de película porno el desear tener sexo con tu amig@. No sé si en las mujeres sea tan recurrente como en nosotros los hombres, pero lo tomaremos como que sí. Lo mejor de todo es que esto puede suceder y sucede.

He tenido relaciones con amigas y ha sido una experiencia maravillosa. Es mucho mejor que hacerlo con una desconocida, y esto creo que es así porque conoces a la persona, hay un lazo amistoso que le da un toque especial. El sexo con pura pasión y erotismo es bueno, pero cuando existe un vínculo amistoso o existe amor, es aún mejor.



Además, existe la confianza y se conocen. Puedes llegar a un muy buen entendimiento en el tema, puedes experimentar, puedes hablar y, lo mejor, te pueden orientar en tus fallos y virtudes.

Quiero a mis amigas, y el sexo al contrario de volver ríspida la amistad, la ha mejorado, y si no, ha quedado intacta.

Otra de las cosas maravillosas de esto es que aumenta la confianza en temas íntimos, al final más desnudos no pudieron estar y las charlas sobre cuestiones sexuales e íntimas se vuelven más precisas.

Que si puede haber confusiones, claro, es un riesgo que corres si tu amig@ muy en su interior esta enamorad@ de ti, o si tú lo estas. Habría que saber si la atracción que sientes es sólo física o emotiva. En el mejor de los casos, pudieran acabar en una excelente relación de pareja (siempre he creído que una buena amistad puede ser la antesala de una excelente relación). En el peor de los casos te enamoras cuando para tu amig@ no eres más que eso, una amistad.

Quizá la mejor forma de saberlo es principalmente la honestidad con uno mismo. Si la otra persona te gusta, te atrae, te “mueve el tapete”, mejor ni te metas en ese embrollo y busca enamorarla. Pero si estas consciente de que ustedes son buenos amigos pero jamás funcionarían como pareja, pues ahí hay una posibilidad, siempre con la suficiente madurez de aceptarlo como tal.

Por ejemplo, una cosa importante es el respeto. Nadie quiere que lo estén jode y jode para ir a coger, quizá no porque no lo desees, sino porque a veces hay que coordinar los tiempos. Estar jodiendo sólo hará que la otra persona te mande a la fregada. Otra cosa para arruinarlo… los celos, los pinches celos tan estúpidos que contaminan todo. En lo personal, puedo hablar sin problema de los pretendientes de mis amigas aún después de haber tenido relaciones. Así que a la chingada con los celos.



Quizá la pregunta que ronda en sus mentes es ¿Cómo logras acostarte con una amiga o un amigo? Pues creo que es la honestidad y el respeto. Bien puedes ser directo y, como se dice, cantársela. Pero si te dice NO, es NO. Ya no vuelvas a joder nunca.

Las cosas se van dando con la confianza al ir tocando temas cada vez más íntimos, al ir tanteando qué tanto pueden confiar en ti. Porque nadie quiere salir lastimado, ni que exista confusión y días después estés fregando con que te has enamorado y ya valió madre todo. Tocar el tema en broma también puede resultar, pero siempre entendiendo que No, es No. Y mucha paciencia, nada de presiones, nada de acoso, nada de estar fastidiando.

Si has tenido o llegas a tener la suerte de tener una relación de amistad de éste tipo, sabrás que es maravillosa. Hacer el amor es sabroso, y así como puedes disfrutar de un café con tu amigo o amiga, puedes hacer el amor –o tener sexo-. Es rico, es muy bueno cuando se hace con madurez.

Llegado a este punto pienso en mis amigas. Las quiero y jamás traspasaría los límites que pongan. Esos momentos han sido maravillosos, lástima que no sean tan seguidos. Las quiero y las valoro, y desde aquí deseo que en su camino encuentren todo lo que desean.


Si tienen la suerte, no la caguen.

Solter@ amante.

Estando solter@ es muy probable que en algún momento acabes enrolado en una relación o en una aventura con una persona casada, y creo que l@s cadas@s suelen buscar más l@s amantes solteros, pues supongo que lo que más desean es huir de la monotonía del matrimonio.

Lo anterior lo digo porque yo he jugado el papel del amante; así es, he sido “El sancho”, “El segundo frente”, “El otro” o como se le llame. Y llegados a este punto le daré un consejo a los cornudos y cornudas: si saben que su pareja les es infiel y logran saber quién es su amante, en lugar de ir a madrearlo reúnanse con él o ella y hablen, escuchen lo que tienen que decir de su fallida relación, porque si algo sabe un amante es de qué cojea la relación que esta allanando.

Así es. L@s infieles no sólo buscan sexo –ojalá fuera tan simple como eso-, principalmente buscan quien los apoye moralmente, quien los arranque, aunque sea por unas horas, de su miserable y frustrante vida; quieren sentirse vivos, querid@s, desead@s, y l@s amantes nos convertimos en una especie terapeutas que escuchamos, casi en cada cita, de los absurdos problemas que llevan al fracaso a las parejas.


No puedo hablar de los hombres infieles tanto como de las mujeres, aunque estimo que existirán muchas similitudes, pero una mujer que ha sido “La otra” podría decirnos sí lo que expondré de las mujeres infieles es muy parecido a lo que un hombre infiel suele contar.

¡Pongan atención, cornudos!

Me sorprende la cantidad de mujeres con pareja que viven insatisfechas sexualmente, y mi sorpresa es por dos razones. Los hombres si de algo se jactan –porque no es mi caso- es de ser diestros en el arte de la cogida; presumen de ser galanes y cogelones, pero sólo eso, presumen y presumen y presumen, porque cuando tienen a una mujer con ellos… fallan. Así que esa presunción es pura faramalla! En lo personal esas pláticas de machos me aburren. La otra cuestión es que se cree que las mujeres, contrario a los machos cogelones, no tienen apetito sexual. Falso!! Las mujeres quieren sexo y sus parejas no son capaces de satisfacerlas.

Las mujeres con las que he estado se quejan de lo anterior. He visto su frustración, su incomprensión y su depresión, porque al no sentirse deseadas y que su pareja no quiera cogérselas (Vaya ironía!!) a muchas les desanima la vida.

En realidad aman a su pareja. Los que confundan amor con sexo dirán que no se puede amar a alguien si se le es infiel… falso! Muchos infieles, sea mujer u hombre, muy en el fondo no desean abandonar a su pareja y la infidelidad suele ser una forma de aviso, de sacudida para llamar la atención, un “hazme caso, aquí estoy”. La infidelidad es la antesala del fracaso en la pareja, es el último recurso y muchas mujeres dudan mucho antes de ser infieles.

Otra cosa es el desinterés. El tener un compromiso con alguien no implica que será eterno, ni que deba permanecer a costa de la felicidad; quienes así lo creen consideran que al haber hecho un compromiso pueden relajarse, al cabo ya firmaron un contrato perpetuo. Conmigo se han quejado de la relajación de su relación, de que ya no “hacen nada”, de la apatía de su pareja, de su vencimiento ante la vida. Es uno de los males de toda pareja y muchos caen vencidos. Sin embargo, cuando uno de ellos aún tiene deseos de vivir, buscará hacerlo… entonces aparece el o la amante que les devuelve la vida.

La infidelidad es un síntoma de una mala relación en pareja. Muchas veces se debe a tonterías como los celos, la falta de libertad –no confundan con libertinaje-, la falta de individualidad y de apoyo en los intereses de cada uno como seres humanos; el estancamiento, la inseguridad personal y la falta de comunicación. Por eso no es bueno casarse a lo buey, ni a corta edad. 

L@s solter@s por otra parte debemos ser conscientes de algo, en la mayoría de los casos el o la infiel no abandonara a su pareja. Quien quiere abandonar a su pareja lo hace y no anda con pretextos, que no se hagan pendejos y no quieran marearlos con el trillado “ya me voy a divorciar”. No lo harán: o dejan a su pareja o no lo hacen, no existe un punto medio.


Así las cosas, el o la amate de su pareja puede ayudarles más de lo que creen. L@s amantes no tenemos la culpa de sus torpezas, no vengan a madrearnos que eso en nada ayuda a su relación; mejor hablen con nosotr@s y les diremos en qué están fallando para que lo corrijan.

Uno aprende mucho de esos encuentros, y somos testigos de que muchas parejas están en crisis, de que vivir en pareja no es lo que aparentan. Sabemos que muchos fingen ante la mirada de las amistades y de la familia. Tu sabes que te has acostado con la esposa o la novia, y que esa aparente buena relación es falsa, sabes de qué adolecen y sabes que es una tontería. Si tan sólo pudieras decirles.

Me viene a la mente una frase de una canción de los Huracanes del Norte: "Yo soy quien besa a tu esposa mientras te encuentras dormido"

Les recomiendo leer Amantes VS Esposas, de Ana Flor Raucci.  


Imágenes tomadas de los siguientes enlaces.