Era la media noche del domingo, escampaba, yo venía sobre la calzada México-Tacuba. En un cruce una pareja esperaba la luz verde al igual que yo, las ventanas de su auto cerradas, hablaban.
A veces extraño esos momentos, el aislamiento temporal mientras viajas en el auto, la soledad de dos y la calidez que eso provoca mientras la lluvia a fuera lo empapa todo.
El pequeño espacio en el que uno se confina estando en un auto crea una intimidad que me gusta, y cuando llueve esta intimidad se estrecha aún más; el hallarnos ahí adentro en esa pequeña burbuja no deja más remedio que la convivencia, la cercanía obligada, los besos esporádicos en cada semáforo, los silencios que sólo avivan nuestra presencia.
A veces extraño eso.
Siempre habrá más lluvias.
miércoles, 5 de julio de 2017
Viajando bajo la lluvia
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domingo, 2 de julio de 2017
El show de Truman, metáfora de nuestra "realidad".
El día de ayer volvía a ver la película El Show de Truman (1998),
interpretada por Jim Carrey, que trata sobre la vida de un hombre que, sin
saberlo, ha estado encerrado en un
reality show desde su nacimiento.
El productor del reality ha construido un pequeño pueblo
dentro de un domo completamente cerrado en el que todo es parte de una
simulación, desde los pobladores que son actores hasta las puestas de sol, la
lluvia y la historia que se teje alrededor del único personaje, Truman, que
ignora que el diminuto mundo en que habita es parte de un guion, y que cada
suceso es planeado con premeditación por los productores. Truman tiene un
trabajo, una casa, un auto y una esposa; sin embargo, ignora que aún la mujer
con la que ha vivido durante años tampoco ha sido producto de una decisión
libre, ya que ha sido escogida y puesta en su vida de forma estratégica para
que se enamorara de ella y terminaran casándose. Y así, sus amigos, vecinos, el
tendero, el policía y su misma madre son actores en la vida de Truman. Nada a
su alrededor es netamente cierto, aun cuando para Truman así ha sido siempre.
En el momento del lanzamiento de la película Jim Carrey
tenía alrededor de treinta y seis años, que sería también la edad aproximada
del personaje. Es hasta esa edad donde Truman comienza a cuestionarse sobre su
vida y decide que es momento de salir de ese pueblo y buscar nuevos rumbos, sin
embargo, los productores harán todo lo posible por impedirlo generando
alrededor de él las circunstancias necesarias para terminar con sus deseos de emancipación.
Todo a su alrededor conspira para apagar en él sus sueños de crecimiento, y tal
es el empeño de la producción que uno de sus propósitos es que Truman tenga un
hijo, a sabiendas de que esto sería una forma de posponer indefinidamente sus
planes de emancipación. Sin embargo, la voluntad de Truman es mayor y al final
logra vencer sus miedos y todo lo que intenta sabotear sus pretensiones de verdadera
libertad.
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| Domo |
¿En qué grado muchos de nosotros podríamos estar en la
situación de Truman? Quizá estemos inmersos en nuestro domo de seguridad,
prisioneros de nuestros miedos y los límites que ese Ente impersonal nos ha
impuesto a fin de que jamás salgamos de ese domo que han creado para nosotros.
Seríamos personajes que, como Truman, pensamos que somos libres, que podemos
decidir siempre y cuando lo hagamos dentro de los parámetros que ese Ente nos
ha marcado.
El show de Truman me parece una acertada metáfora de la
realidad mediática en que vivimos actualmente. Muchos piensan que son las
reglas impuestas por los gobiernos las que sujetan a los hombres y mujeres
dentro de nuestra sociedad, sin embargo, esto no es del todo cierto. La forma
más imperceptible y efectiva de manipulación y de coacción no reside en el
gobierno, sino en la misma sociedad, y los gobiernos la aprovechan cuando les
resulta útil. El modo más eficaz de limitar al ser humano es a través de la “opinión
pública”, de la “moral” en turno, de la religión, de las pasiones, en resumen,
no se trata de encadenar al ser humano de forma externa con grilletes y
candados, sino basta con meterse en lo más íntimo de su ser: las pasiones.
Nuestra sociedad se encuentra regida por ideologías, por
modas y por deberes y cuanto más nos alejemos de ellas más seremos relegados,
linchados por las lenguas viperinas, exhibidos y ridiculizados ante la
sociedad, ante la “opinión pública”. Es tal el valor que se le da en la actualidad
a la opinión pública que abundan los casos de suicidios de personas que no
soportan los juicios y terminan por aniquilarse a sí mismos.
La idea más ruin y miserable que se ha propagado es la del
ideal de “igualdad”. Bajo el precepto de que todos somos iguales, la diferencia
no hace más que relegar; pero aún la idea de igualarnos a todos es escabrosa,
ya que anula la exclusividad de cada uno de nosotros y busca emparejarnos,
acoplarnos a un molde en el que a fuerza nos quieren hacer entrar. Esto es de
una manipulación cínica.
Como Truman, habría que pensar en todo eso que nos detiene a
salir de nuestro domo aclimatado y “seguro”.
Pensar si deseamos algo más allá de él, o decidimos quedarnos dentro.
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| Despedida de Truman |
Bajo el dintel de la puerta que divide al Domo del mundo real, el productor le dice a Truman “Allá a fuera hay peligros, aquí dentro tienes una vida segura y sin peligros” (Algo así como la historia del Edén bíblico) Truman simplemente contesta “Buenos días. Y por si no nos volvemos a ver, buenas tardes y buenas noches” Acto seguido atraviesa la puerta.
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domingo, 25 de junio de 2017
La industria porno en mexico
La industria pornográfica en México era, hasta hace unos
años, prácticamente inexistente. Lo que más se acercó al cine pornográfico,
aunque muy de lejos, fue el llamado cine de ficheras, que en realidad eran
producciones tímidas, intentos baratos de igualar al cine erótico italiano de
la década de los setentas.
El cine de ficheras se limitaba a breves escenas de desnudos
y cachondeo mezclado con albures, humor mediocre y ningún esfuerzo por lograr
algo de calidad. Lamentablemente, esto es lo único que de cine medianamente erótico
teníamos en nuestro país. Hace unos dos años si buscabas pornografía mexicana
en alguno de los portales que proveen porno en la web no encontrabas nada,
quizá uno que otro video amateur de algunos segundos y de pésima calidad. No
sucedía lo mismo con el porno de otros países como Alemania, Italia o Francia,
de los cuales se puede hallar videos producidos aún en blanco y negro y de muy
buena calidad en cuanto a producción se refiere. En resumen, la industria
pornográfica en México era casi inexistente salvo algunas esporádicas excepciones,
y tendrá apenas uno o dos años que ha
ido tomando presencia.
La primera película pornográfica de la que se tiene registro
fue la de Ángel Rodríguez Vázquez, llamada
Las profesoras del amor, de 1987.
De ahí la primera aparición importante del porno mexicano la
tenemos a principios de siglo, entre el 2002 y el 2003, con un filme netamente
Gay titulado Sexxcuestro, del productor Laars Robledo y dirigida por Summer
Gandolf. El filme recibió la postulación a Mejor guión en el festival
internacional de cine erótico Gay en Barcelona, España.
Posteriormente la productora Maldoror, dirigida por Marco
Antonio Bustos, realizó dos filmes pornográficos de no muy buena calidad, se
trató de Fetiches mexicanos 1 y 2. Por esos tiempos quien también ofrecía
algunos videos pornográficos era la revista Tu mejor Maestra, una publicación
de contactos sexuales, historias eróticas y fotografías, que ya en la era
digital comenzó a ofrecer videos como regalo de fin de año; los primeros videos
eran producciones amateur enviadas por sus suscriptores, obviamente se trataba
de filmes de muy baja calidad tanto en desarrollo como en la calidad del video
en sí. Posteriormente introdujeron algunos videos con una producción bastante
pobre, pero no dejaban de ser videos amateur.
No obstante lo anterior, el cine porno mexicano se había
mantenido bastante mediocre. En la actualidad hay una productora que considero merece
prestarle atención, ya que a mi parecer esta realizando videos de buena
calidad; se trata de Sexmex (https://sexmex.xxx/tour/),
que ya cuenta con varios videos producidos y una buena cantidad de actrices en
su página web. La producción es buena, las historias son las típicas de la
industria porno sin caer en la vulgaridad que caracterizaba al cine erótico
mexicano. Son actores y actrices jóvenes que me parece están metiendo al cine
porno mexicano a la par en cuanto a calidad comparada con otros países, aunque aún
sin llegar a alcanzar la calidad del cine Italiano o francés. No podríamos compararlos con una producción de
Mario Salieri, por ejemplo, pero tienen la calidad del cine porno comercial y
esto me parece que ya es un gran avance si lo comparamos con las porquerías que
se hacían en los 70s.
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Los nómadas de la noche
Para los que siempre hemos dudado de todo cuanto se dice de
Cuba, y no hemos podido visitar la isla para constatarlo o desmentirlo, éste
libro resultará interesante.
Son ochenta y nueve páginas en las que Rubén Cortés, un
emigrante cubano radicado en México desde hace algunos años, condensa lo que
fue vivir en cuba y los destinos que tuvieron algunos de sus allegados, tanto
de los que lograron salir de la isla como los que nunca lo hicieron.
En México es común que los de ideología de izquierda (dentro
de los que yo mismo me cuento) hablen maravillas de la revolución cubana, de
Castro y de la vida en Cuba. Sin embargo, personalmente siempre he tenido mis
dudas, pues esa aparente felicidad que envidian los mexicanos contrasta con la
cantidad de cubanos buscando salir de la isla, y también con los testimonios de
aquellos que la han visitado.
Cuba no es lo que la ideología izquierdista nos ha hecho
creer durante años, ni las consecuencias de la revolución cubana parecen haber
sido lo mejor para los cubanos; al menos así nos lo hace ver Rubén Cortés en éste
libro: restringidos y aislados, Cuba parece ser más bien una enorme prisión
donde careces de la más básica libertad de movimiento.
Espero algún día poder visitar la isla y constatar o refutar todo lo que de ella se dice.
Cortés, Rubén. Los nómadas de la noche, Ediciones cal y arena. México, 2017.
sábado, 24 de junio de 2017
Imelda: Mi primer amor
Hace unos días encontré a quien fuera mi primer amor. Nos
conocimos en la secundaria, cuando contábamos con catorce años. Es un poco
difícil explicar lo que ha sido esto; alegría, nostalgia, ternura, quizá todo
junto en una mezcla que no logro definir.
No se me ocurrió nada más que escribirle algo, un texto que
no llegará a conocer porque ya está casada y no quiero ocasionarle un conflicto.
Quisiera poder seguir sabiendo de ella
muchos años más, así que mis sentimientos, aunque inofensivos y sin pretensión,
sólo quedaran en mí.
Sin buscarla la encontré.
Entonces era una niña
de cabello muy corto, como lo es la adolescencia;
delgada,
como suele serlo la
pubertad.
Yo la abrazaba sobre los hombros
Y así abrazaba por primera vez
La sensación del amor.
A ella la amé con mi corazón virgen;
La pensé innumerables noches
Con mi imaginación de infante.
Hable con ella cada noche
En charlas interminables.
Esa tarde mis amigos y yo pasábamos por ahí, quizá porque
era al único rincón por el que no habíamos pasado. Cuando te vi no recuerdo que
me gustaras, seguro que yo tampoco desperté algo en ti, y lo sé porque me maldijiste,
nos maldijimos, nos odiamos.
Y nos seguimos odiando cada que nos encontrábamos en el
receso; nos odiábamos de lejos, y en ese odio recurrente que nos
prodigábamos nos fuimos encontrando cada
vez más hasta el punto que ya nos necesitábamos.
¿Cómo fue? No sé si lo recuerdes. Mi memoria tan mala no
logra llegar la laguna que hay entre esos días de odio y aquel en el que,
sentados frente a la sala audiovisual, procuraba abrirme camino a lo que hacía
tantos días no me atrevía a confesar.
Me acuerdo que te di una explicación muy nerviosa y larga, que
acabaría siendo una especie de prologo para esa historia que comenzaríamos los
dos.
Te pregunté si querías ser mi novia. Recuerdo que los dos
adoptábamos una seriedad que de ordinario no teníamos. Recuerdo que demoraste
en responder. Recuerdo que me dio miedo. Recuerdo que dije “¿No?”, pero
asentiste.
Éramos novios. Pero a los catorce años, ¿qué era eso?
Me acuerdo que ya separados me pregunté ¿qué seguía, qué
debía hacer? ¿Qué era ser novios?
Teníamos catorce años, era la primera vez que tenía novia y
no sabía qué hacer. ¿Por qué te había pedido eso? Porque te quería, me gustaba
estar contigo, me gustaba tenerte cerca. Me gustabas. Te amaba.
Han pasado veinticuatro años, te reconocí porque en mi memoria jamás te desvaneciste. Te
sufrí como te amé, lloré y reí, y después de esa experiencia contigo amé otras
veces más, con optimismo y esperanza: tal fue la consecuencia de mi experiencia
contigo.
Hoy vas con el cabello largo, usas anteojos, la expresión en
tu rostro tiene historia. Eras una niña cuando nos besamos por primera vez y
largamente en aquella discoteca ya desaparecida.
Recuerdo algunas cosas. Te gustaba la canción Colina Azul,
aunque nunca supe si la versión de los Teen Top o la de Los Boppers; adorabas a
los perros como mascotas, ya veo que eso aún lo conservas; no sé si aún jué
ges
videojuegos, pero al parecer sigues teniendo ese carácter explosivo. Aún
reconozco tus expresiones de entonces.
Me gustaría un día hablar contigo de esa época. Habrá cosas
que recuerdes que yo no, y armar un poco ese rompecabezas que con nuestra
relación hicimos juntos. Como dice Charles Aznavour, es bueno volver y recordar
la adolescencia.
Me alegra haberte encontrado en mi vida, y me alegra haberte
vuelto a encontrar más de veinte años después. Te has casado, yo no. Me quedó
con eso, que es mucho.
viernes, 28 de abril de 2017
Desprecio generalizado por la vida.
El día de ayer dejaron dos gatos abandonados frente a la
cochera de uno de mis vecinos, sin alargar la historia decidí acogerlos y darme
a la tarea de buscar quién los adoptara.
Ese mismo día, ya en la tarde y mientras entrenaba, un niño
entró al gimnasio a vender donas. Serían cerca de las 9 de la noche. No es la
primera vez que el niño se mete a vender al gimnasio y lo he visto caminar por
las calles vendiendo donas, junto a su hermana. Los niños siempre van solos.
Al día siguiente, le pedí a una amiga que me ayudara a
buscar lugares que nos facilitaran poner en adopción a los gatos. Fue un poco
triste ver que entraríamos en una larga fila de adopciones por la cantidad de
mascotas –entre perros y gatos- que se encuentran esperando en los albergues.
Recuerdo que hace un tiempo me enteré que en la ciudad de
México se sacrifican mensualmente alrededor de 15 mil perros, esto es un
promedio de 500 perros diarios. El otro dato duro es que el 50% de los perros
sacrificados son llevados por sus dueños.
Por la tarde del día siguiente me entero que en el DF hay
más de 70 mil juicios por pensión alimenticia en los juzgados, y que por ésta
razón los jueces ya podrán congelar las cuentas de los progenitores que no
cumplan con las pensiones.
No es una comparación de las mascotas con los niños, sino
evidenciar que ambas situaciones derivan de una irresponsabilidad humana;
irresponsabilidad de muchos padres hacia sus hijos, que también se refleja, en
mayor medida, en la irresponsabilidad con las mascotas.
Siempre he pensado que si el ser humano no manifiesta
interés por sus propios hijos, seres humanos que ellos mismos trajeron al
mundo, menos lo hará con las mascotas.
Hay un desinterés cotidiano por la “vida” en general:
mascotas abandonadas a una muerte segura, niños abandonados, niños ignorados
(para esos niños que viven con sus padres pero que no tienen ninguna atención
de los mismos), destrucción de la naturaleza, contaminación abominable, y un
consumo y depredación de los recursos naturales de forma tan insolente que da
miedo.
Sin embargo, crece la indignación cuando alguien es
asesinado para despojarlo de un teléfono de 100 dólares. En el fondo es la
misma retórica: la vida con toda su magia y unicidad (porque es mágica, única e
irrepetible) se ven desplazados por un valor mercantil, por los prejuicios y
por las creencias.
Siendo tan normal que la vida sea despreciada de forma tan
general, ¿cómo pedir, por otro lado, que “nuestra” vida sea valorada? Esta demanda
cargada de falsa dignidad solo tiene su razón de ser en una combinación de
indiferencia por los demás y egocentrismo: pido lo que no doy.
Somos parte de lo que padecemos. La guerra moderna con sus
bombas de exterminio masivo, motivadas totalmente por el valor económico que
representan, son un ejemplo del apocamiento que ha sufrido la “vida” frente a
lo desechable, al todo eso que tiene un valor subjetivo.
Las mascotas son un ejemplo de vida, seres con emociones,
pero los abandonamos, los dejamos padecer hambre, frío y los maltratamos: nos
da igual esa “vida”. Pero nos quejamos del poco valor que tiene nuestra vida y
nuestra salud para el capitalismo al que tomamos por maldito. Lloramos ante la
injusticia, ante la violencia que nos acecha, ante el abuso de que somos víctimas.
Todo eso lo padece la mascota desde su nacimiento hasta su asesinato, en un
periodo de vida en el que sólo vive lo peor de este mundo.
Nosotros creamos este mundo, no nos quejemos de él si no hacemos nada por cambiarlo.
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domingo, 23 de abril de 2017
Mujeres de 40 y 20 años. La eterna comparación.
Es posible que la foto sea fake, pero la comparativa entre
mujeres de 20 y 40 años es algo común; cosa curiosa que no se haga con mujeres
de 30 y 40 o 15 y 30.
Parafraseando Salvador Allende, podría decir que tener 20 años y no tener
buena figura es casi una contradicción (y aplica para ambos sexos). Lo mismo
aplica para tener 20 años y no ser jovial, no tener sueños y metas, no querer
ser algo en el mundo. A los 20 años no puedes decir que has vivido, no puedes
decir “en mis tiempos”, ni siquiera puedes decir que has sufrido. Y la
integridad del ser humano, el carácter y la fortaleza se forjan con los años,
con las veces que te has levantado y la forma en la que has logrado mantenerte
en pie. Al paso de los años uno es testigo de cómo muchos se van quedando en el
camino, son esos que cayeron y ya no lograron levantarse.
En términos de frescura, de piel sana y sin cicatrices, de
un rostro sin imperfecciones, de unas manos tersas, las mujeres de 20 años
llevan la primicia, pero porque es un cuerpo nuevo, sin raspaduras, sin
cicatrices. A los 40 años llevas varias cicatrices en el cuerpo y en el alma.
Son las huellas del camino, el cansancio de quien ha caminado, las marcas de
las batallas que has atravesado. A los 20 años no has hecho nada de eso, eres relativamente
“virgen”, aún la vida no te ha puesto a prueba. Y en el lapso de los 20 a los
40, muchos se quedan. Alardear a los 20 de lo que se tiene frente a alguien de
40, es como un bebé presumiendo su perfecta digestión frente a la “imperfección”
de uno de 20.
Sin embargo, hay mujeres que llegan a los 40 con la piel
raspada, el corazón fragmentado, el alma magullada, pero con el humor y la
pasión por la vida intactos. Son mujeres que viven, carcajean, beben, bailan,
viajan, aman, aprenden y emprenden. No tienen el cuerpo incólume de una de 20,
sería absurdo de alguien que ha vivido muchas batallas. Pero llegan a los 40
con una experiencia y conocimiento del mundo que una mujer de 20 ni siquiera
atisba.
En términos de figura, hay mujeres de 40 que conservan un
cuerpo hermoso. Eso es meritorio, porque es producto del esfuerzo y no un
regalo de la naturaleza. Si a esto le agregamos la experiencia, pues no hay
mujer de 20 que pueda compararse.
Me pregunto por qué las de 20 no se comparan con las de 30.
Adivino, porque las de 30 aún conservan la figura de sus 20 años, pero diez
años más de experiencia: no hay punto de comparación.
Si algunos hombres prefieren a las de 20 años, es porque son
manejables; una de 40 no juega, no pierde su tiempo con adolescencias, no es
manipulable: a eso muchos hombres le huyen. Es su tendencia a demostrar
superioridad, a enseñar, a cuidar. La mujer de 40 no necesita que la protejan.
Como en todo, no generalizo. Cada edad tiene sus virtudes. Creo que no es malo hacer la comparación si la vemos en términos de crecimiento, una comparativa de cómo la mujer cambia al paso del tiempo, no con objeto de hacer menos a una y más a otra, sino para poner las cosas en su justa medida. A los 40 quisiéramos tener la piel y el alma que teníamos a los 20, pero ya llevamos cicatrices que no se borran. Hemos caminado, al menos 20 años más que ell@s. Y es imposible salir raspados cuando se ha vivido en serio.
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